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LA COLUMNA DEL DÍA | Las nuevas voces que todos esperamos

Escribir no es un oficio masculino, qué duda cabe; pero la historia está poblada de experiencias que han cercenado las ideas y proyectos literarios e intelectuales de múltiples autoras, cuestiona el escritor Augusto Rubio
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En los últimos años de los noventa, época en la que empecé a descubrir y a leer a los autores de la ciudad donde nací, caí en la cuenta de que hasta entonces [a pesar de su importante presencia y activa participación en revistas, foros y recitales], Irene Arias, la autora de Sullana que llegó a Chimbote en la segunda mitad de los años sesenta, tenía el único libro de literatura publicado por una mujer en el puerto. Las razones para que ello ocurriera, seguramente tenían que ver con lo ignorada que fue la producción literaria de las mujeres en el puerto durante el siglo pasado o con la coyuntura patriarcal que las mismas experimentaban y les impedía escribir y desarrollarse. Con el tiempo pude comprobar que lo mismo ocurría en otras disciplinas de las ciencias humanas, rasgo inequívoco de un fenómeno encabalgado en la idea de lo que debían ser las mujeres y en lo que tenían que ocuparse.

Escribir no es un oficio masculino, qué duda cabe; pero la historia está poblada de experiencias que han cercenado las ideas y proyectos literarios e intelectuales de múltiples autoras que, a pesar de todo y a contracorriente, persistieron escribiendo y cuestionando de esta forma el establishment que las condenaba a la condición de “madresposas”, a la maternidad y a una conyugalidad no necesariamente deseada, encaminando sus vidas, imaginarios y subjetividades hacia otros destinos.

Las escasas autoras de Chimbote que han publicado libros de poesía y narrativa pueden contarse con los dedos de una mano. Los temas que abordan en los mismos tienen que ver con asuntos universales adscritos a la condición humana; en ocasiones partiendo desde la problemática que muchas veces las asfixia, pero también desde la complejidad, innovación, riqueza del lenguaje y sus experimentaciones. El proceso histórico y cultural en el puerto determinó que -con el tiempo- se empezara a mirar con otros ojos la producción intelectual de las mujeres; modificó además la forma en que ellas mismas se habían visto y percibido, el lenguaje que entregaban en sus libros, la forma en que empezaron a visibilizarse. 

La aparición de tres poetas con sus respectivos volúmenes publicados a inicios del siglo XXI, constituyó el despertar de las mujeres que escriben literatura en el puerto; sin embargo, los años que siguieron tampoco fueron muy fecundos en la aparición de nuevas voces. Hace dos años se publicaron nuevos libros de autoras locales, pero hay muchas más que continúan esperando ser publicadas, que sólo escriben en revistas o que aún no han decidido dar un paso adelante en la apuesta por el libro propio. En tiempos que las mujeres se han colocado en el centro de la esfera política, ideológica y cultural, la reflexión parte de aquello que impide que editoriales, agentes, críticos y organizadores de ferias y espacios culturales, aún las continúen invisibilizando a pesar del enorme potencial literario que muchas de ellas ostentan. El canon de las letras en el puerto espera y necesita equidad, ser tomado, modificado e intervenido por las nuevas voces que aún esperan, que todos esperamos. 

* Augusto Rubio Acosta es poeta, narrador, periodista y gestor cultural

Foto: https://www.jujuyalmomento.com/