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LA COLUMNA DEL DÍA | La violencia, ¿solo se disfraza de amor?

Para analizar la violencia es importante identificar la desigualdad de poder en las distintas formas de relacionamiento y cómo estas dan origen a la vulneración de derechos humanos, señala el psicólogo Jeppson García Marín

Para analizar la violencia es importante identificar la desigualdad de poder en las distintas formas de relacionamiento y cómo estas dan origen a la vulneración de derechos humanos.

Pierre Bourdieu manifiesta que “el abuso del poder es el elemento central en las expresiones de violencia. En ellas la dominación se reproduce y se permite gracias a las estructuras sociales que funcionan bajo una lógica masculina”.

La violencia, en sus distintas manifestaciones, encuentra una razón práctica donde reproducir relaciones de poder, tanto en el ámbito público como en lo privado. Al aceptarse tales formas de relacionamiento, la violencia se vuelve invisible, puesto que se naturaliza y asimila como si fuera normal. Aportando a la emergencia de una sociedad e instituciones que toleran a niveles patológicos, el incremento de las cifras de violencia

Pensemos: 150 mujeres han sido asesinadas en lo que va del año; una sola, ya es demasiado, pero el dolor, terror y desgracia que viven muchas mujeres y su entorno no se puede medir.

Pero más allá de estos hechos de terror, algo que debe llamar nuestra atención es que los comentarios culpabilizando a la víctima no se hacen esperar. Entonces, la lucha contra el feminicidio, la dominación y la violencia de género también son luchas ideológicas y políticas.

A pesar de que en la Ley N° 30364, Ley que previene, sanciona y erradica la violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar, se especifica de manera clara las distintas formas de violencia y las desigualdades de poder y de género que las posibilitan, su contenido pareciera que no forma parte del esquema del pensamiento y accionar de quienes la administran.

Esta ley reconoce a los distintos niveles del Estado peruano como responsable de promover acciones frente a los hechos de violencia. Para tal labor una Comisión de Alto Nivel tiene por finalidad dirigir el Sistema Nacional para la Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres e Integrantes del Grupo Familiar, y formular los lineamientos y la evaluación de lo establecido en la ley, que a su vez tiene el encargo de asegurar el cumplimiento de las políticas públicas del Estado en materia de prevención, atención, protección y reparación de la violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar.

Las Instancias de Concertación son un componente de este Sistema. Teniendo como responsabilidad la elaboración, implementación, monitoreo y evaluación de las políticas encargadas de erradicar la violencia basada en género en la localidad donde son establecidas. Las funciones para cada nivel de gobierno son adoptar políticas, planes, programas, acciones y presupuestos para la erradicación de la violencia de género. Además de promover el uso del protocolo de acción conjunta, informar sobre acciones de prevención, promoción y erradicación de la violencia.

A pesar de la importancia que supone la creación e instalación de la Instancia de Concertación, quienes la integran no muestran mayor interés sobre el tema, evidenciándose una baja operatividad, prueba de ello, es dejar pendiente los reglamentos internos, planes de trabajo y otras herramientas que son necesarias.

Viendo esta realidad, pareciera que la instalación de estas instancias es únicamente para “cumplir” con lo dispuesto por la legislación. Las escusas para no hacer lo que realmente se debe son muchas, comenzando por una supuesta “falta de capacitación” sobre esta materia, algo que suena contradictorio, ya que estas instancias están integradas por especialistas en el manejo de la prevención, sanción y erradicación de la violencia. Otra justificación es “la falta de sensibilidad frente a la violencia”; esto demuestra el mal pronóstico al que pueden llegar las instancias, ya que si sus propios integrantes, según ellos, carecen de información y sensibilidad, qué pueden proyectar en sus comunidades en temas de prevención, sanción y erradicación de la violencia, y por ende, qué tipos de resultados se podrían obtener.

Estando así las cosas, valdría la pena preguntarnos si es que la violencia ¿solo de disfraza de amor?

Escuche la versión radial:

* Jeppson Jair García Marín, licenciado en psicología, representante del Centro de Investigación Social, Tecnología Apropiada y Capacitación CISTAC Bolivia, y Director Ejecutivo de Masculinidades CISTAC Perú.

Foto: Revista semana