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LA COLUMNA DEL DÍA | Informalidad

La tragedia en Fiori es el resultado de la normalización de la evasión de las normas en el Perú, según el análisis de Manuel Chiroque
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En el Perú el debate sobre los riesgos de la informalidad aparece con cierta frecuencia y casi siempre luego de una tragedia, como el incendio de esta semana en el garaje aledaño al clausurado terminal de Fiori. 

Tenemos tan normalizada la evasión de las normas que no son pocos quienes defienden la existencia de este servicio en locales clandestinos, sin medidas de seguridad y sin el control adecuado de vehículos y personas. La excusa es la de siempre: que el pasaje cuesta más barato que en las empresas formales. 

Quienes así piensan restan importancia al enorme costo de la inseguridad. 10, 20 o 50 soles menos pueden hacer la diferencia entre viajar seguro o aumentar considerablemente el riesgo de pérdidas, asaltos, accidentes en vehículos sin revisión técnica o, incluso, perder la vida o la de sus familiares. El pasajero asume que nunca le pasará, pero tarde o temprano la informalidad se cobra lo suyo. Solo el año pasado el Ministerio de Transportes reportó 2,826 muertes por accidentes en carreteras y la mayoría involucra a unidades de empresas informales. En la tragedia de Fiori el viaje ni siquiera había comenzado. 

El desorden en el transporte interprovincial es incontrolable porque la demanda es enorme, el Consejo Nacional de Transporte estima que el 50% de buses es informal y no por falta de recursos. Hasta el 2017 el terminal de Fiori movía más de 200 millones de soles anuales, solo con rutas hacia el norte. 

Pero el transporte no es el único ámbito en el que campea la informalidad. Si hablamos de comercio, cada ciudad tiene su propia Gamarra con vendedores que ya no son ambulantes, sino dueños de las veredas y hasta las pistas. Tragedias como la de Mesa Redonda  nos recuerdan que el costo del comercio informal también se mide en vidas humanas.    

Otro de los sectores escandalosamente informales es el de la vivienda, con invasiones alentadas desde los propios municipios y gobiernos regionales. Según Cofopri, la región Áncash  tiene más de 50 mil viviendas sin titular, la mayoría en invasiones recientes donde la precariedad y el uso de servicios clandestinos se imponen.  

Lo que puede parecer una oportunidad de contar con una propiedad puede convertirse en una trampa mortal. Solo hace unas horas, 13 ranchos de esteras se destruyeron en un incendio en el A.H. Villa Municipal, en Nuevo Chimbote, es la quinta vez que ocurre. El año pasado, 60 casas se hicieron cenizas en Palmeras del Golf, el 2017 pasó lo mismo en Mirador Las Lomas, y el 2014 dos niños murieron calcinados en un incendio en Nuevo Horizonte. 

Son las cifras macabras que se esfuman cuando pasa la tragedia, que olvidamos porque confiamos en que nunca nos pasará, porque pensamos que vale la pena subir a un bus sin revisión técnica si con ello nos ahorramos unos cuantos soles, aunque eso termine costándonos una o varias vidas. 

* Manuel Chiroque Farfán es docente de Audiovisuales y Periodismo en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Santa (UNS), actividad que comparte con la producción audiovisual y consultorías en comunicación corporativa. Integra la Red Iberoamericana de Investigación en Narrativas Audiovisuales. 

Foto: Andina