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LA COLUMNA DEL DÍA | La pregunta sigue vigente: ¿quién es Juan Guaidó?

A propósito de la reciente aparición del líder opositor venezolano en el Discurso del Estado de la Unión de Trump sobre los logros de su gobierno, Diego Mendoza hace el siguiente análisis
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No fue sino hasta varios días después de su llegada a Estados Unidos, que el autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, fue recibido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y no en una reunión casual, todo lo contrario, la numerosa ovación tuvo lugar en el Discurso del estado de la Unión, la cita anual por excelencia entre el presidente y el Congreso para dar a conocer el estado del país. La venia vino desde Trump hasta desde la mismísima líder del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Cabe recordar que la misma sirvió de plataforma para que Estados Unidos confirmara que planea liderar una coalición diplomática junto a 59 países contra la dictadura socialista de Nicolás Maduro. Esta figura inusual merece precisión en su forma y fondo si acaso quiere tener cierto éxito.

Al margen de ello, este gesto no menor obedece a una gira internacional del joven opositor venezolano, que ya ha recibido el apoyo de una veintena de los países de la Unión Europea, donde destaca la presencia de Macron (Francia), Merkel (Alemania) y Boris Johnson (Reino Unido). 

Parece quedar bastante claro que, independientemente de los cuestionamientos para pensar en la encargatura real o no del cargo de presidente de Venezuela, hay desde hace cierto tiempo, algunas doctrinas desde el derecho internacional público que nos permiten establecer criterios de análisis sobre dicha situación.

Así surgen dos doctrinas fundamentales a la hora de reconocer o no a un gobierno: la Estrada y la de legitimidad. La doctrina Estrada está caracterizada por no reconocer o dejar de reconocer gobiernos, aquí se emplea el principio de efectividad, es decir, su posición está basada en el ejercicio efectivo del poder.

 Esta doctrina ha prevalecido en muchos países y es casual que los gobiernos de turno hagan uso de ella debido a la premisa de no intervención en los asuntos de otros Estados. Sin embargo, para aplicar correctamente el principio de efectividad, debe existir el poder sobre una administración y territorio, como, además, de la efectividad en la provisión de servicios públicos y el control del orden público, evidentemente estos serán criterios incumplidos por Guaidó debido a que carece de poder real. En este punto, no prevalece la idea de la génesis del poder, sino del logro o éxito de su correcto ejercicio.

La otra doctrina (la de legitimidad) señala, como bien recuerda Concepción Escobar, que “como Estados, tenemos derecho a pronunciarnos y reconocer gobiernos sobre su legitimidad democrática”.  

El contexto es complicado por varias razones, entre tanto, porque no hay un canon en el derecho internacional sobre la aplicación del reconocimiento, es decir, que la decisión de cada Estado estará en función a la discrecionalidad que crea conveniente. Además de ello, hay una profunda contradicción y desconocimiento en materia de relaciones internacionales, en la unidad de la diplomacia, después de todo, ¿cómo reconocer a Guaidó y, sin embargo, hacer efectiva las relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro? Indistintamente del carácter dictatorial de Maduro, mientras su valía esté en los términos de su efectividad, resultará difícil romper relaciones cuando aún mantiene el poder.

Muy parecido fue el ejemplo de México y Bolivia, en primer lugar, porque Andres López Obrador, presidente mexicano, rompió la tradición de su país, la doctrina Escobar, una vez conocida la suerte de Evo Morales, y más que nada, porque entendiendo la injerencia en el reconocimiento del gobierno boliviano, este mantuvo a su cuerpo diplomático en dicho territorio.

De cualquier forma, solo existe una certeza, desde enero del 2019, Juan Guaidó, tras autoproclamarse presidente encargado de Venezuela, y tras no haber materializado su promesa frente a los millones de venezolanos y venezolanas, estos últimos han perdido la esperanza de que, consecuente y efectivamente, haya posibilidad alguna de la alternancia del poder en su país, y el fin a la crisis humanitaria que viven día a día.

* Diego Mendoza Franco es ingeniero industrial, egresado del Programa de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública de la PUCP y el CAF, coordinador del Círculo de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos Aleph, promotor de los ODS por el Senado de Buenos Aires, Parlamentario Joven Nacional y activista social.

Foto: https://www.eluniversal.com.mx/