LA COLUMNA DEL DÍA | La educación peruana a lo Tito Nieves
Creado el Viernes, 2 de Junio del 2023 01:09:16 pm

Durante la pandemia, el Ministerio de Educación del Perú fue distinguido por la Organización de las Naciones Unidas por “Aprendo en casa”.
Cada año varias UGEL y direcciones regionales son premiadas por el Ministerio de Educación.
También cada año millones de estudiantes son certificados como si hubiesen logrado satisfactoriamente las competencias previstas y, por tanto, supuestamente cumplen el perfil del egresado, es decir, en apariencia han logrado desarrollar las “características deseables” de un estudiante que termina la educación básica.
Tal vez usted piense que hablo del país de las maravillas o de alguna novela de las que siempre tienen un final feliz. ¡Pues, no! Me estoy refiriendo a la educación que reciben nuestros hijos, tal cual se conoce, según los informes, o las libretas de notas, o los certificados.
Cuando me iniciaba en la labor docente, alguien me dijo que “no puede haber muchos desaprobados”, porque eso significaba que uno es un mal profesor. Cuando trabajaba en la Facultad de Educación de una universidad privada, un colega me sugirió: “No los desapruebes; con su pensión, nos pagan nuestro sueldo”.
Cuando en 2017, año de la última huelga magisterial, el Ministerio de Educación suspendió la evaluación censal, iluso yo, hice una propuesta al ministro para que se aplicara y así se midiera el impacto de la paralización en los aprendizajes. Por supuesto, nadie me hizo caso. ¿Qué pasaba si se aplicaba la evaluación censal poshuelga? Si salía bien, lo cual políticamente era inconveniente para ellos, hubiera significado que no hubo afectación y que los estudiantes aprendieron por su cuenta, pero si los resultados salían mal, al siguiente año iba a ser estadísticamente rochoso decir que seguimos mejorando, como hacía ver el ministerio en su propaganda. Y así, además de aceptar el engaño, construimos una realidad paralela más confortable.
Tuve a cargo a un docente de matemática irresponsable y haragán que no se corregía, que aprobaba con muy buenas notas a sus estudiantes, obteniendo a cambio la satisfacción de los padres que lo calificaban como un “buen profesor”… hasta que les tocó uno que realmente hacía su trabajo y recién allí enfrentaron la realidad; entonces, entendieron que habían sido engañados, igual como cuando nuestros estudiantes egresan de la secundaria y encuentran que no están tan preparados como dicen las calificaciones de su certificado, un documento que, valga la redundancia, “certifica”, o sea, dice que es cierto que el egresado ha logrado las competencias requeridas, pero no es verdad.
¿Qué resultados obtendríamos si se confronta el desarrollo real de los egresados con el perfil que se requiere? ¿Por qué nuestro tan laureado Ministerio de Educación, que es manejado hace décadas por el mismo grupo, con diferentes rostros, no implementa una evaluación para certificar al egresado que cumple con lo esperado al final? Sencillo, porque ellos sí saben lo que pasaría, y no precisamente los premiarían. Por eso es mejor maquillar la realidad y seguir viviendo al son del estribillo de la canción del gran salsero Tito Nieves: “Vivo en un mundo de mentiras, de ilusión y fantasía para no llorar”.
¿Quienes estamos en el sector Educación sabemos esta situación? ¿Los padres de familia saben que esto sucede? ¿O, de verdad, creemos que las cifras que nos presentan son reales? Si de veras queremos la calidad de la educación, ¿qué debemos hacer? Por supuesto, no soy dueño de la verdad, pero ¿cuál es la suya en este aspecto? ¿Estamos tan bien, como nos dicen, o vivimos la educación a lo Tito Nieves, en un mundo de mentiras, de ilusión y fantasía… para no llorar?
* Miguel Arista Cueva es docente y abogado. Consultor, conferencista, especialista en gestión pública, educación y derecho administrativo. Fue director regional de Educación de Áncash y del Colegio de Alto Rendimiento de Cajamarca.
