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LA COLUMNA DEL DÍA | Los caminantes del coronavirus y la pobreza

La emergencia sanitaria confirma que no somos el 20% de pobres que el INEI reporta, sino muchos más, sostiene Gabriel Mejía Duclós al analizar las razones de la masiva movilización humana en el país
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Muchos recordamos un estudio esclarecedor del antropólogo José Matos Mar que en 1984 publicó “Desborde popular y crisis del Estado”, donde analiza cómo a fines de los ‘70 e inicios de los ‘80 Lima había sido desbordada por las migraciones provincianas, los servicios públicos colapsaron y las instituciones eran incapaces de responder a las demandas sociales.

Hoy, 35 años después, somos testigos de un proceso inverso: miles de familias huyendo de Lima y de las principales ciudades. Ello nos lleva a reflexionar sobre las razones de esta masiva movilización humana.

Algunos, entre quienes me incluyo, sostenemos que en las últimas 7 semanas de aislamiento social la emergencia sanitaria ha revelado que la pobreza en el Perú no ha sido superada, como muchos estudios lo pregonaban, confirmando que no somos el 20% de pobres que el INEI reporta, sino muchos más, porque el INEI calcula la pobreza solo por los ingresos, sin tener en cuenta otros factores como servicios de agua y desagüe, luz, vivienda, nivel educativo y otros recomendados por las Naciones Unidas y otras organizaciones prestigiosas.

Como sabemos, en el Perú un 10% de familias tienen el 80% de la riqueza, al ser dueños de grandes empresas que reciben todos los beneficios del gobierno; en tanto, el 90% de familias vivimos de nuestro trabajo. Asimismo, varios estudios, que toman datos de los censos, revelan que solo 3 de cada 10 trabajadores tienen un empleo formal con beneficios sociales, o, dicho de otra forma, 7 de cada 10 peruanos trabajadores tienen empleos informales; y en Áncash, 8 de cada 10 son trabajadores informales que viven de su trabajo diario, y que hoy, confinados por la pandemia, no pueden desarrollar sus actividades económicas y ya se les agotó los pocos recursos que tenían. 

El día 24 de abril el diario La República publicó una encuesta de opinión de IEP: el 86% cree que el costo para derrotar al coronavirus será muy alto para la economía familiar, y el 51%, es decir más de la mitad, le tiene más miedo al hambre que al covid-19.

El propio gobierno del presidente Vizcarra ha reconocido que el 70% de las familias necesitan ser apoyadas con el bono universal porque su economía no aguanta más, reconociendo implícitamente que las familias vulnerables son muchas más que solo el 20% de pobres que dicen las cifras del INEI.

Por ello, miles de peruanos retornan a sus pueblos porque allí piensan que estarán más protegidos y sin la angustia que da la ciudad. Ante esta situación el Gobierno Nacional, los gobiernos regionales y locales tienen que abrir los ojos y tomar medidas para apoyar un desplazamiento digno de los retornantes, empezando por darles todas las orientaciones y apoyo para evitar que se contagien o, lo peor, llevar el coronavirus a sus pueblos de origen. 

Pero en los próximos meses y años esta situación debe cambiar. Necesitamos para los caminantes que regresaron a sus pueblos y para los millones de excluidos un nuevo Estado del siglo XXI que piense en la gente, empezando por ganarle la guerra a la pobreza. No esperemos otra emergencia para recién cambiar el rumbo.

* Gabriel Mejía Duclós es ingeniero agrícola con especialización en ingeniería de recursos agua y tierra, 25 años de experiencia en gerencia y dirección de instituciones públicas y privadas vinculadas al desarrollo social, económico y gestión ambiental, ex candidato a la Gobernación Regional de Áncash.