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LA COLUMNA DEL DÍA | La respuesta cultural que el puerto necesita

¿Qué están haciendo los municipios de Áncash y el Gobierno Regional desde el espacio cultural para contrarrestar los efectos de la peor desgracia que haya visto nuestro tiempo?, cuestiona el escritor y periodista Augusto Rubio
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Freud decía que el malestar del ser humano proviene de tres fuentes: las amenazas naturales, el deterioro del cuerpo y las relaciones con los otros. En la pandemia que vivimos, ante la crisis social, el colapso hospitalario y la presencia contundente de la muerte, experimentamos las tres al mismo tiempo. Si bien se combate la emergencia desde diversos frentes, los únicos que las autoridades y la misma población consideran importantes e imprescindibles, se olvida la esencia; se posterga y minimiza lo central, aquello que nos entrega una narrativa común y nos otorga identidad como pueblo. Se combate la pandemia desde la medicina, la tecnología, desde la represión militar, jurídica y de conciencia; pero el gobierno soslaya la salud mental de los peruanos, la educación [el remedo de estrategia digital es un saludo a la bandera porque no alcanza a las mayorías], desatiende y olvida -sobre todo- a la cultura. 

¿Qué están haciendo los municipios de Áncash y el Gobierno Regional desde el espacio cultural para contrarrestar los efectos de la peor desgracia que haya visto nuestro tiempo?, ¿por qué no se ha estudiado la realidad social y cultural antes de implementar estrategias mal copiadas de otras latitudes?, ¿acaso no es necesario implementar el acceso a la cultura y a las artes en la vida humana y en las colectividades?, ¿no tenemos derecho a consumir cultura y contenidos de alta calidad en nuestra región?, ¿por qué no hacemos del consumo de libros, música, películas, artes visuales y escénicas, un hábito, un gusto, un comportamiento?, ¿acaso no es posible dotar de presupuestos dignos al sector o de reforzar los ya existentes para estructurar y relanzar de manera digital un asunto que es prioritario?

Quizá sólo quienes estamos dedicados a las artes como forma de vida sabemos de primera mano y por propia experiencia, que el arte impacta de manera positiva en los seres humanos y -por lo tanto- constituye el principal camino para cambiar la sociedad. Quizá sólo quienes gestionamos cultura o somos parte de ese ínfimo porcentaje de ciudadanos sensibilizados respecto a la importancia del aporte cultural en todo tiempo y circunstancia, hemos constatado que -por ejemplo- los niños pequeños cuyos padres les leen antes de ir a la cama duermen más tiempo por la noche y se concentran mejor en la escuela. Y hemos visto que lo mismo sucede con los adolescentes y la toma de decisiones responsables, con el incremento del bienestar y la reducción de la violencia, de la corrupción, temas de comprobada mejora si se asumen junto a una experiencia cultural y artística que las autoridades locales y regionales no entienden, en realidad se niegan a entender. 

¿Por qué los presupuestos del sector cultura, históricamente ínfimos y mal ejecutados al interior de los municipios, no se incrementan y encaminan a estructurar una plataforma virtual que organice y difunda una programación cultural con contenidos de alta calidad, capaz de canalizar conversatorios y debates vía streaming, entrevistas a autores y presentaciones de libros, visitas virtuales a museos y fondos pictóricos y librescos, conciertos en contextos de encierro, el trabajo de los artistas de la ciudad?, ¿por qué el Gobierno Regional de Áncash, a diferencia de sus pares en otras jurisdicciones, no cuenta con iniciativas, proyectos y presupuestos destinados al quehacer cultural, tan necesarios en esta época de pandemia? La realidad en otros países [incluso en los más cercanos] es distinta, existe un florecer de iniciativas en las redes sociales, en plataformas virtuales y en medios más disruptivos, que desarrollan creatividad y que retan a sorprendidas y desprevenidas audiencias nunca antes contactadas. Ha llegado el momento de democratizar el acceso a la cultura. La vida continúa a pesar de la cuarentena, de las medidas preventivas que puedan tomarse a futuro, pero la creación artística y la difusión de cultura no se ha detenido a pesar de la espantosa crisis y debe fomentarse. Canalicemos un proyecto común que debe surgir de las hoy cerradas oficinas de Cultura de municipios e instancias regionales, dialoguemos y acerquemos a la gente lo que les corresponde, lo que incluso en la vida física les ha sido negado.

El arte y la cultura son más valiosos e imprescindibles para la armonía, la salud mental y el desarrollo social que, por ejemplo, la considerable cantidad de seudopolíticos que en Áncash persiguen el lucro y el rédito en medio de la crisis, de la desesperanza. Lo cultural siempre estará por encima de quienes sólo buscan ser alguien en el mundo, escalar socialmente, llenarse los bolsillos y desesperarse por un poder que necesitan para humillar al otro [para discriminar], para alcanzar valor como sujetos. 

En tiempos de distanciamiento social y desarrollo de nuevas formas de vida de cara al futuro inmediato, hay presupuestos en cuentas intangibles destinadas a proyectos como, por ejemplo, las ferias del libro y los fondos editoriales, que esperan gestión y ejecución ya no en la vida física sino en el mundo virtual. “No es a la religión, sino al arte a quien le compete operar como poder de cohesión y unión social, pues es una forma de comunicación que interviene en las relaciones entre los seres humanos”, manifestó Schiller hace tantos años; es humano y social entenderlo.

* Augusto Rubio Acosta es poeta, narrador, periodista y gestor cultural