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LA COLUMNA DEL DÍA | Chimbote: filosofía del espanto

“La muerte campea en el puerto, nunca estuvo tan presente como ahora; dejarse engañar por el país y la vida que tenemos constituye un insulto grave a la inteligencia, un absurdo tan grande como el candidato al que elegimos en las urnas para gobernar el puerto, la región y el país”, sostiene el escritor Augusto Rubio Acosta
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El prolongado encierro al que estamos sometidos no sólo implica aislamiento, también reflexión; quizá no esté generalizado, pero creo que un gran sector de la ciudadanía se ha visto obligada a pensar en sí mismo en este tiempo: en la vida, en la muerte, en la frágil y transitoria condición de nuestra existencia. El confinamiento está sacando lo mejor y lo peor de nosotros en cada hecho cotidiano [las noticias del día son la comprobación de ello]; la traumática experiencia sanitaria y social que vivimos no necesariamente nos ha hecho mejores, basta ver los rostros y expresiones de los familiares de enfermos o de víctimas mortales en las afueras de los hospitales, la mirada de los ancianos en los servicios de emergencia. Una especie de autoengaño se ha instalado en nuestras vidas; podremos fingir alegría o sociabilidad, estar serenos y supuestamente tranquilos, pero por dentro estamos afectados, en muchos casos destruidos.

Fingir que estamos sanos es la defensa de no pocos en tiempos de crisis. En los mercados y barrios populosos, pero también en bodegas y supermercados de los espacios urbanos más acomodados, la pandemia y las muertes son un drama que nadie sabe cómo enfrentar. Solidaridad y egoísmo fluyen casi en paralelo; lo ancho para algunos y lo estrecho para casi todos, son consecuencia del sistema político y económico en el que las mayorías se han resignado a vivir, permitiendo el dominio del lucro y la lógica financiera por encima de los sentimientos y de la dignidad humana. La muerte sería menos dramática si supiéramos que lo que amamos, tras nuestra muerte, no será olvidado, y que otros [los más jóvenes] continuarán nuestras batallas; pero la lucha y el compromiso por un país distinto no necesariamente pasa por la cabeza de todos. Así somos, el sistema hegemónico así nos ha construido.

El encierro y la existencia contemplativa nos permite mirar el rostro del instante, pero sobre todo asistir a la plenitud y la miseria de la vida. La muerte campea en el puerto, nunca estuvo tan presente como ahora; dejarse engañar por el país y la vida que tenemos constituye un insulto grave a la inteligencia, un absurdo tan grande como el candidato al que elegimos en las urnas para gobernar el puerto, la región y el país, esta tierra tan hermosa y querida, tan equivocada y desgraciada.

* Augusto Rubio Acosta es poeta, narrador, periodista y gestor cultural

Foto: Paul Alejandro Meza Castañeda