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LA COLUMNA DEL DÍA | Necesitamos profesores un poco locos

El día en que el profesor se revalore como profesional, podrá argumentar ante la receta del especialista su propia estrategia, porque a él su estrategia le funciona con sus niños. Ese día dejaremos de perder tiempo y dinero en capacitaciones estériles, señala el profesor Miguel Arista

Hace algunos años, cuando me iniciaba como director de colegio, me visitó el exsenador Edmundo Murrugarra, que por esos tiempos era miembro del Consejo Nacional de Educación. Mientras recorríamos las instalaciones del plantel, me exponía un mundo de posibilidades y experiencias de su recorrido por el país, eso sí, convencido de que son los maestros los únicos que pueden impulsar un cambio real. Me decía, con su cálida pero firme voz octogenaria: “Ando por el país buscando profesores un poco locos”. Seguidamente me narraba un sinnúmero de experiencias de profesores que, confiados en el cariño a sus estudiantes y en su propio conocimiento, “se salían del cuadro”, no seguían las recetas del Ministerio de Educación, experimentaban con éxito nuevas formas de lograr aprendizajes. Lamentablemente esas experiencias no eran sistematizadas para poder compartirlas.

El Ministerio de Educación –probablemente alguno de sus bachilleres– leyó a Michael Fullan, un teórico canadiense de la innovación y el cambio educativo, y difundió una presentación titulada: La escuela que queremos. Entre otras cosas, “se dice” que la escuela debe concebirse como una organización que innova y aprende, que debe ser protagonista y motor de su propio cambio, y respecto a la gestión, señala: “Las instituciones educativas asumen la responsabilidad de gestionar el cambio de los procesos pedagógicos, centrando a toda la organización en los aprendizajes”. 

Por supuesto, hay más, pero he citado lo necesario para sustentar las contradicciones de lo que se dice y lo que se hace respecto a promover el cambio. ¿Alguien sabe de alguna escuela que haya cumplido estos planteamientos? Sin duda, habrá algunas escuelas que han ganado premios, pero, ¿han logrado “la escuela que queremos”? No. ¿Y saben por qué? Porque al mismo tiempo que piden promover el cambio, parametran, esquematizan a los docentes con capacitaciones que sirven solo para dar recetas y transmitir lo que a algún especialista iluminado se le ocurrió en Lima; y los docentes, temerosos de que le instauren un proceso por desobedecer las indicaciones, siguen la receta. 

Pero “las culpas nunca son viudas”, como decía una exdirectora para hacer referencia a que las responsabilidades son compartidas. ¿Y quién, además del Ministerio de Educación y sus representantes –entiéndase UGEL–, es responsable del anquilosamiento de la escuela pública? Sostengo que los profesores. Digo esto porque los profesores, de tanto maltrato económico y social, han ido inconscientemente renunciando a su condición de profesionales; esperando ser revalorados, olvidaron que estudiaron cinco años o más para saber cómo formar estudiantes; han ido olvidando que quienes más conocen a los niños de su aula y su contexto son ellos, por lo tanto en su aula ellos son los especialistas; quienes conocen sus necesidades son ellos, no el de Lima, no el de la UGEL que sugiere, orienta… pero solo eso.   

Estoy convencido de que las recetas le hacen mucho daño a la educación. Y es que la educación no cambiará por una reforma de un ministro, sino por la innovación construida desde cada escuela por profesores y directores que creen en lo que son, en lo que sienten y en lo que hacen.

La autoestima docente es fundamental en el aprendizaje de los estudiantes y, por lo tanto, en el cambio e innovación educativa, pero uno de verdad, no ese que sirve para ganar el diploma y la medalla, y no más como los del FONDEP. 

El especialista en el aula es el profesor: él o ella es quien más conoce a sus 30 niños, porque los ve a diario e inclusive por años. El día en que el profesor se revalore a sí mismo como profesional y no como técnico, y vuelva a creer en lo que sabe, podrá argumentar ante la receta del especialista su propia estrategia, porque a él su estrategia le funciona con sus niños. Ese día dejaremos de perder tiempo y dinero en capacitaciones estériles, para tener “profesores un poco locos” que se atrevan, que desafíen las recetas, que cambien la educación. Entonces cambiaremos capacitaciones por encuentros en los que los profesores comparten sus experiencias innovadoras. Solo entonces podremos tener “la escuela que queremos”.

* Miguel Arista Cueva es docente y abogado. Consultor, conferencista, especialista en gestión pública, educación y derecho administrativo. Fue director regional de Educación de Áncash y del Colegio de Alto Rendimiento de Cajamarca. 

Foto: Trome

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