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LA COLUMNA DEL DÍA | Lecciones por aprender: amigos, meritocracia y eficiencia en gestión pública

Ojalá los gobernantes tengan la humildad de aprender de los que sí tiene esa visión política, señala hoy el profesor Miguel Arista Cueva

“Tengo que gobernar con mis amigos, no con mis enemigos”, espetó el alcalde provincial del Santa, Roberto Briceño, poniendo en evidencia el criterio que utiliza para elegir sus funcionarios, esos mismos que han “logrado” que a medio año de gestión su municipalidad ocupe el último lugar en ejecución del gasto para obras en la provincia con un paupérrimo 8.3 %. Por otro lado, el alcalde Abel Sánchez, del “pequeño” distrito de Coishco, ha ocupado el primer lugar en ejecución del gasto a nivel provincial y el  cuarto lugar en la región Áncash al ejecutar el 60.4 % de su presupuesto, gracias a lo cual ha logrado una transferencia adicional de 16 millones de soles para obras de “reconstrucción con cambios” en su pueblo, en el mismo periodo que el alcalde provincial y los demás alcaldes distritales. 

Es probable que, fieles a nuestra mezquindad, digamos que es fácil porque tiene poco dinero, o que la ejecución del gasto es un mérito relativo, o cualquier otro motivo para no reconocer que un alcalde que fue muy cuestionado en campaña, ahora en su gestión como alcalde, a diferencia de sus ineficientes homólogos, no se ha quejado de la gestión anterior, no ha figureteado y, por el contrario, se puso en silencio a resolver los problemas mostrando humildad, proactividad y, sobre todo, eficiencia.

Pero esta columna no está dedicada a encomiar a la persona del alcalde de Coishco, sino a su actitud, a su decisión política de rodearse de funcionarios eficientes, sean sus amigos o no. No conocemos el currículo documental de sus funcionarios. Por lo que ha declarado el burgomaestre coishqueño a la prensa, los funcionarios designados no son sus amigos, pero estamos viendo resultados que, finalmente, en gestión pública son los que deben contar. Ahora bien, no estamos diciendo que los amigos no puedan ser funcionarios de los gobernantes; por supuesto que sí, pero antes que eso deben ser capaces de ejercer la gestión pública con transparencia y eficiencia; capaces primero y amigos después, o las dos cosas juntas, pero nunca solo “amigos, simplemente amigos y nada más”.

En tiempos que se menciona con frecuencia términos como la inestabilidad política y la ineficiencia, el amiguismo me trajo a la memoria mi clase de Historia de la Educación: China fue el país por excelencia de los exámenes oficiales; el emperador elegía como funcionarios a través de dichos exámenes a los mejores y, de ese modo, al rodearse de funcionarios y servidores selectos, podía garantizar la eternidad de su dinastía. En la educación superior china, los exámenes se hacían por escrito ante examinadores oficiales. Eran de 18 horas de duración: primero se rendían en capitales de provincias, en tres sesiones; aprobaba uno de cada veinte y pasaban a ostentar el galardón de “Flores de talento”. La siguiente etapa se rendía en capitales de departamento: participaban solo los aprobados en la etapa anterior, y aprobaban muy pocos. El grado obtenido era el equivalente al título profesional. Posteriormente, tras los exámenes rendidos en la capital del imperio durante quince días de esfuerzo, los aprobados tomaban el nombre de “escolares admitidos”; era el equivalente a un doctorado y solo lograban aprobar el 5% de los postulantes. Finalmente se cerraba el ciclo con los exámenes de ingreso a la Academia Imperial: los que llegaban a ingresar integraban el selecto grupo denominando “El Bosque de los Lápices”, y se hacían merecedores a las mayores distinciones y cargos públicos. Como podemos apreciar, el ideal educativo de la educación china fue la formación del hombre de Estado que tuvo su mejor expresión en el mandarín; tal vez por esa razón duraban gobernando tanto las dinastías.

No digo que la tradicional educación de la antigua China fuera perfecta, que deba replicarse o que hay que volver al pasado. Traigo a colación esta historia para reflexionar y contraponer esta vocación por seleccionar a los mejores para ejercer la función pública en la antigua China, con el tan practicado amiguismo y sectarismo actual en la gestión pública. Como es de ver, no se prohíbe que los selectos sean amigos o partidarios; la clave está en la capacidad, en la preparación para ser eficientes. Porque tal vez revisando el concepto de “meritocracia”, pero una de verdad, podamos entender que la gobernabilidad lo da la eficiencia en el manejo de los asuntos públicos, no la falta de fiscalización, la complacencia o ausencia de crítica. 

Ya es tiempo de seleccionar a los mandarines de hoy. Ojalá los gobernantes tengan la humildad de aprender de los que sí tiene esa visión política. Si solo he mencionado a dos alcaldes, es porque los tenemos más cerca; sin embargo, esta reflexión no exime a los demás alcaldes y al gobernador regional que, aunque no lo anuncian, demuestran también que son fans de Ana Gabriel, porque les encanta cantar “amigos, simplemente amigos y nada más”, aunque de gestión publica no sepan ni “pío, pío”. 

* Miguel Arista Cueva es docente y abogado. Consultor, conferencista, especialista en gestión pública, educación y derecho administrativo. Fue director regional de Educación de Áncash y del Colegio de Alto Rendimiento de Cajamarca. 

Foto: Web y empresas

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