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LA COLUMNA DEL DÍA | La comida: ¿una mercancía o un derecho humano?

Si la comida es cara, y si la “comida sana” lo es más… ¿por qué los agricultores y agricultoras –que producen los alimentos– están cada vez más pobres?, cuestiona hoy Rocío Huamancondor 

Cuando alguna persona me pregunta por mi plato favorito, inmediatamente se me ilumina la mirada y, pasando algo de saliva, respondo: “El cebiche”. Pensar en la comida es pensar en manos generosas, sabores exquisitamente combinados, ingredientes sanamente cultivados, momentos compartidos en familia, entre amigas y amigos.

Comer es un derecho humano. Sin embargo, comer puede ser un privilegio para algunas personas. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos, alrededor de 113 millones de personas en el mundo pueden morir de hambre. Si bien estas cifras pueden parecer solo números, son realidades cercanas que podemos verlas a diario en Chimbote, en la provincia del Santa, en nuestro país. 

A pesar de que millones de personas en el mundo sufren hambre, cada año se desperdician 1300 millones de toneladas de comida; sí, miles de millones de toneladas de comida van a parar a la basura. Es decir, existe una desigual distribución de alimentos en el mundo, hay quienes tienen comida para botar, mientras que otros ni siquiera pueden comer una vez al día.  

Existen otras situaciones que impiden disfrutar del derecho a la alimentación, entre ellas la manipulación genética de alimentos. Hoy en día en los mercados podemos encontrar alimentos transgénicos como la soya, la avena, la leche, las salchichas, la maicena, el arroz, la betarraga, la yuca, la papaya, el plátano, la papa, el tomate, el zapallo, entre otros. Estos alimentos son vendidos sin que sepamos a ciencia cierta cuáles sí son transgénicos y cuáles no. 

A esto se le suma el crecimiento del consumo de la llamada “comida rápida” o “comida chatarra”, como las hamburguesas, el pollo frito, o las papas fritas…  Las encontramos en todas partes y van siendo parte de nuestra dieta a pesar del daño que le causan a nuestra salud. Las grandes transnacionales de comida rápida van teniendo cada vez más clientes y clientas. 

Con todo esto, más que un derecho, “comer” implica un grande esfuerzo, y “comer sano” es más que un privilegio. Esta situación es muy paradójica porque quienes están en el campo, quienes siembran nuestras comidas son empobrecidas y empobrecidos cada vez más, y cada día es más difícil sembrar algún producto sin un crédito, o adquirir una semilla no transgénica, o acceder al agua para los regadíos… 

Si la comida es cara, y si la “comida sana” lo es más… ¿por qué los agricultores y agricultoras están cada vez más pobres? En realidad es porque en el negocio de la comida hay personas intermediarias que les compran a quienes siembran, procesadoras de alimentos que hacen la comida chatarra, y grandes empresas que modifican semillas y que a la vez venden los fertilizantes, en fin… 

“Llegará un día en el que la comida no sea una mercancía, porque la comida es un derecho humano”, nos recordaba Eduardo Galeano. Y para que ese día llegue, no basta con soñarlo; es necesario organizarnos para exigir políticas públicas que apoyen a la agricultura familiar y local, que exijan a las empresas rotular sus productos para saber qué estamos comiendo. Así mismo, es necesario volver a tener alimentos “de la chacra a la olla” y tomar conciencia de lo que nos llevamos a la boca… Para que comer sano no sea un privilegio de algunos, sino una realidad para todas y todos.

* Rocío Huamancondor Paz, abogada, con maestría en investigación y análisis de políticas públicas, coordinadora de redes de la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular – ALER

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