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LA COLUMNA DEL DÍA | Carta abierta en el sexto día

“Hasta la entrega de estas líneas, han fallecido cinco personas y se registran 318 casos (confirmados de coronavirus). La proyección estima números más grandes debido al ritmo sin igual de la propagación del virus y la indolencia de algunas personas”, reflexiona Diego Mendoza
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Chimbote, sábado 21 de marzo del 2020

Posibles lectores y lectoras:

Escribo desde la incertidumbre, sumido en la más incierta de las horas que me toca, que nos toca. Hasta la entrega de estas líneas, han fallecido cinco personas (la última esta mañana en Piura) y se registran 318 casos, según la data oficial del Minsa hasta hoy. Cuando cayó la noticia de los primeros decesos, recordé la experiencia personal que significa perder a un miembro de la familia y, por eso, no pude dejar de lado el doméstico y silvestre recuerdo que conlleva decir adiós. 

La proyección estima números más grandes debido al ritmo sin igual de la propagación del virus y la indolencia que parecen tener algunas personas por desobedecer las recomendaciones y exigencias que se han dictado desde el gobierno e, inclusive, desde nuestra propia familia. Se nos ha pedido que nos quedemos en casa para contener el acelerado paso del contagio, pero en el más egoísta de los actos, desestimamos lo que se pueda decir e incumpliendo toda palabra, exponemos a quienes nos despiden cada día cuando cae la noche. Tamaña irresponsabilidad que, de no ser corregida, no podrá ser contenida bajo ninguna excusa y solo tendrá lugar en algún vago y exiguo recuerdo que no podrá borrar disculpa alguna.

El presidente decretó, por ahora, 15 días en Estado de emergencia e incrementó la rigurosidad del aislamiento social con la aplicación del toque de queda. Se han registrado muchas personas detenidas, pero al conversar con amigos y amigas, parece que dichas medidas han surtido en efectos como el uso de mascarillas, el distanciamiento al hacer una fila o, mejor aún, un mayor aseo personal.

Todo este contexto nos ha tomado desprevenidos, pero ¿acaso ese no es un rasgo de la naturaleza y el devenir de nuestra sombra? Nos confiamos demasiado de un conciencia casi extinta, por preocuparnos por las cosas importantes, a saber, invertir más en salud y tecnología, pensar en las poblaciones en situación de vulnerabilidad y estimar un mayor gasto para reparar sus dolencias.  Cuando pienso en aquellos y aquellas que pueden sufrir en mayor medida, dejo de lado mi crisis de asma solo para reflexionar en quienes carecen de cuatro paredes para resistir estos días y de la inconmensurable tarea de sobrellevar el hambre, el frío y el olvido.

Para quienes tenemos algo más de suerte, ciertas cosas no faltan. Agradezco a mi madre por preocuparse todos los días en el racionamiento de nuestros alimentos, a mi padre por la sostenida tarea de alertarnos de los riesgos del virus y a mi hermano por pedirme que tenga la menor exposición posible. De todo lo demás me encargo yo, en casa tengo suficientes libros inconclusos o inexplorados, un ajedrez y la compañía de Renato que siempre me supera en el récord de quien, sabiendo escuchar, me hace sentir menos solo.

La tarea de quedarnos en casa nos confina a sustraer en su totalidad nuestra vida social. El ejercicio parece sencillo, pero también supone cierto grado de dificultad en su ejecución. En nuestra modernidad líquida estamos acostumbrados a llevar una vida para afuera y desconocer la vida para adentro. Ese óleo perdido ya hace un buen tiempo que sirve para satisfacer algunas, mas no todas, las interrogantes y pormenores que acumulamos día a día y que solemos dejar de lado por las razones que solo nosotros y nosotras sabemos. Desconocer la otredad es eso, carecer de empatía.

Lo que pasa hoy en Chimbote no es particular, es general. El mundo está en alerta y cada hora cuenta para tratar de frenar más muertes. Distintos momentos en la historia de la humanidad nos han enseñado a repensar lo que hacemos y reconocer nuestro lugar en el mundo, solo después de la crisis. Cuando llegue el día que podamos salir de casa, ojalá hayamos aprendido algo más que tener un mejor aseo, espero que también comprendamos cuán importante es tener un Estado que se involucre en garantizar una salud de calidad, una sociedad que entienda la naturaleza de ser vulnerable en nuestro país, o acaso también, el rigor que tiene la prevención como instrumento.

Gracias a todas las amistades que se preocupan. Yo también deseo que estén muy bien, recuerden cumplir con lo que se ha pactado. 

Si ha llegado hasta este punto, sírvase usted oyente/lector/lectora, a recibir mis mejores deseos. Sepa bien que extiendo mi afecto para que usted y su familia se sirvan de tener una buena salud y sean muy felices. Reciban un afectuoso saludo. Vamos a salir de esta. 

Atentamente,

Diego Mendoza*

* Diego Mendoza Franco es ingeniero industrial, egresado del Programa de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública de la PUCP y el CAF, coordinador del Círculo de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos Aleph, promotor de los ODS por el Senado de Buenos Aires, Parlamentario Joven Nacional y activista social.