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El modo con que una nación acoge a los migrantes revela su visión de la dignidad humana

“El migrante no es una amenaza para la cultura, las costumbres y los valores de la nación que lo acoge”, dijo el Papa Francisco
Papa Francisco

La migración es una oportunidad para despertar la solidaridad y fraternidad, pero se ve empañado por las políticas deficientes dentro de los territorios de acogida y por el resentimiento injustificado de algunos grupos que condenan esta realidad social. “Nuestras obligaciones con los migrantes se articulan en torno a cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”, explicó el Sumo Pontífice a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, en el Vaticano.

Según el Papa, los Estados que alientan los sentimientos nacionalistas contra otras naciones o grupos fracasan en su misión. Además, aseguró que “la Iglesia ha advertido siempre a las personas, a los pueblos y a los gobiernos acerca de las desviaciones de este apego cuando se dirige a la exclusión y al odio de los demás, cuando se convierte en un nacionalismo conflictivo que levanta muros, es más, incluso en racismo o antisemitismo”. Agregó que “la Iglesia observa con preocupación el resurgimiento, en casi todas partes del mundo, de corrientes agresivas hacia los extranjeros, especialmente los inmigrantes, así como ese nacionalismo creciente que descuida el bien común".

Bergoglio se refirió  tanto a la nación receptora, como a los migrantes, precisando que “integrarse no significa asimilar, sino compartir el tipo de vida de su nueva patria, aunque siga siendo él mismo como persona, portador de su propia historia biográfica”. Respecto al control migratorio, llamó a las autoridades a asumir su rol porque “es tarea de la autoridad pública proteger a los migrantes y regular los flujos migratorios con la virtud de la prudencia, así como promover la acogida de manera que las poblaciones locales reciban formación y se les aliente a participar conscientemente en el proceso de integración de los migrantes que son acogidos”.

El Papa también se mostró preocupado por el resurgimiento de las corrientes agresivas hacia los extranjeros, pues observa situaciones en las que algunos Estados son mezquinos y tienen “espíritu más de contraposición que de cooperación”, en ese sentido, Francisco se refirió a la persona como “miembro de la humanidad” con la misma dignidad que cualquier otro semejante. “Cuando una persona o una familia se ve obligada a abandonar su propia tierra, debe ser acogida con humanidad”, exhortó.

En otro momento reafirmó que es doctrina común que el Estado está al servicio de la persona, la familia, el grupo cultural, la nación como expresión de la voluntad y de las costumbres profundas de un pueblo, el bien común y la paz. Pero con frecuencia “los Estados están subordinados a los intereses de un grupo dominante, sobre todo por razones de beneficio económico, que oprime, entre otras, a las minorías étnicas, lingüísticas o religiosas que se encuentran en su territorio”, enfatizó. (Iglesia en marcha).

Fuente: Vatican News