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LA COLUMNA DEL DÍA | Militancia ciudadana: de la indignación a la convicción (y a la acción)

Miguel Arista Cueva celebra el despertar de la juventud que toma la delantera frente a nuestra aletargada y resignada generación, y, desde su análisis, argumenta qué falta para canalizar la indignación
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La semana pasada hemos sido testigos de multitudinarias marchas de protesta protagonizadas por miles de jóvenes contra la clase política. Fueron tan contundentes que obligaron a Merino a renunciar a la Presidencia tras ser señalado como responsable de la muerte de dos  jóvenes por la represión policial. Aunque inicialmente se hacía ver que las movilizaciones eran a favor del vacado Vizcarra, con el pasar de los días se esclareció que los jóvenes marchantes no apoyaban a uno ni a otro, sino  que salían a las calles indignados, cansados de la corrupción y de la podredumbre de la clase política. La indignación fue el móvil que impulsó las protestas. 

Las movilizaciones  fueron espontáneas y autoconvocadas por los jóvenes mediante las redes sociales, sin una organización central que lo lidere. En un hecho pocas veces visto, la prensa nacional le brindó amplia cobertura a convocatorias, marchas y a los excesos policiales; sorprendentemente, hasta un banco apoyó las convocatorias. Debido a esta característica, las demandas fueron diversas: la renuncia de Merino, presidente en funciones en ese momento; la “renuncia” de los congresistas señalados como “golpistas”; adelanto de elecciones y, por último, el cambio de la Constitución Política.

Después de seis días, ante la presión social Manuel Merino tuvo que renunciar, dejando el trágico saldo de dos jóvenes fallecidos y cientos de manifestantes heridos. Dado que  la única forma de sucesión constitucional es  la asunción del presidente del Congreso como encargado de la Presidencia de la República, ante el rechazo a quienes votaron por la vacancia, los miembros de la mesa directiva del Congreso también tuvieron que renunciar para dar pase a la elección de congresistas que votaron en contra. Como correlato, después de idas y venidas, Francisco Sagasti fue elegido presidente del Congreso y, en consecuencia, es el nuevo encargado de la Presidencia del Perú hasta julio de 2021.

Como es de ver, de las exigencias que se coreaban en las marchas solo se logró reemplazar a Merino por Sagasti; no se cerró el Congreso, ni renunciaron los congresistas, porque no hay forma legal; no  se adelantaron las elecciones porque es inviable, y tampoco se ha convocado a una Asamblea Constituyente porque no hay voluntad política. 

No obstante la renuncia de Merino, la clase política es la misma; en  el fondo, nada ha cambiado. Sin embargo, deslumbrados por las cualidades profesionales y políticas, muy meritorias, del nuevo presidente, resaltados por la misma prensa que  apoyaba las protestas, la indignación ciudadana parece haber disminuido. 

Un sector intenta continuar con las marchas, pero estas ya no tienen la cobertura inicial. Al parecer el nuevo presidente ha colmado sus expectativas. La hoja de vida y el discurso conciliador y emotivo del presidente Sagasti han aplacado la indignación ciudadana, pese a que, aparte de su asunción al poder a un elevado precio, no se ha logrado ningún otro cambio.

No cabe duda de que es bueno y hasta necesario indignarse ante la injustica y la corrupción… pero no es suficiente. Digo esto porque la indignación puede ser una reacción  espontánea contra algo que suele considerarse inaceptable; sin embargo, esta es una emoción y, por lo tanto, es temporal; en cambio, la convicción es más duradera porque supone el convencimiento de la seguridad, lo que se piensa o siente; esto nos permite poseer razones sobre lo que pensamos, sentimos o queremos, lo que nos dan la posibilidad de sostener un discurso o una acción. 

Celebramos el despertar de la juventud que toma la delantera frente a nuestra aletargada y resignada generación, pero a este comienzo tenemos que educar, agregarle información, conocimiento, para saber si lo que se reclama es viable y cuándo parar la protesta; con ello  también la convicción para no dejarse manipular, para sostener sus principios y demandas después de la indignación y a pesar de los medios de comunicación y otros interesados en mantener las cosas como están. 

Solo transitado de la indignación a la convicción, hasta llegar a una militancia ciudadana, podremos avanzar en la transformación social que tanto necesitamos, pero por la que muy  poco hacemos. 

* Miguel Arista Cueva es docente y abogado. Consultor, conferencista, especialista en gestión pública, educación y derecho administrativo. Fue director regional de Educación de Áncash y del Colegio de Alto Rendimiento de Cajamarca.