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LA COLUMNA DEL DÍA | Mi congresista ideal

En este nuevo proceso electoral debemos preguntarnos quiénes deberían ser nuestros candidatos por Áncash al Congreso y qué perfil deberían para representar los intereses de los ancashinos, señala la antropóloga social Karla Fournier

Después de la disolución constitucional del Congreso considerado como uno de los peores de la historia de nuestro país, los ciudadanos volveremos a las urnas este 26 de enero del 2020 para elegir a los congresistas que culminaran el periodo 2016-2021, es decir serán elegidos por un año 5 meses. 

Como ya lo ha anunciado el Jurado Nacional de Elecciones, las reglas para este proceso seguirán siendo las mismas, no se aplicaran las reformas aprobadas en agosto del presente año, ciñéndose a la aplicación del artículo 4 de la Ley Orgánica de Elecciones que establece que no son aplicables las normas con rango de ley publicadas desde un año antes del día de la elección.

Uno de los cuestionamientos que nos planteamos los ciudadanos es ¿cómo elegir mejor bajo estas mismas reglas para no volver a caer en una crisis de representatividad como la que protagonizo el disuelto Congreso? Va a ser indispensable el rol de la ciudadanía en este proceso y la primera pregunta que debemos plantearnos de manera seria es ¿quiénes deberían ser nuestros candidatos por Áncash al Congreso? y ¿qué perfil debería tener nuestro candidato o candidata para desempeñar un buen rol de representatividad de los intereses de los ancashinos? Planteo algunas ideas que considero pueden ser enriquecidas y debatidas con las opiniones de ustedes.

En primer lugar creo que debería ser un candidato(a) que busque romper esa lógica que tienen muchos políticos, pero también ciudadanos, de la política vista como un negocio, hemos leído hace unos días un post muy controversial en Twitter del congresista Carlos Tubino de Fuerza Popular en el que alegaba que postular en estas elecciones de enero no atrae, porque es imposible recuperar lo invertido en campaña y a nadie le interesa tirar su dinero al viento. Este pensamiento refleja una forma instrumental y personalista de concebir la política para beneficio propio. Este tema pasa porque nuestro futuro candidato(a) pueda demostrar que a lo largo de su trayectoria política se haya desempeñado con vocación de servicio y también que pueda transparentar sus financiamientos de campaña y sus vínculos. ¿Quién o quiénes lo financian?, ¿quién o quiénes apoyan su candidatura?

Un buen candidato(a) debe tener un amplio y profundo conocimiento de nuestra región y sus problemas, así como tener un planteamiento claro de las posibles soluciones y propuestas, mejor aún si estas propuestas no quedan en el aire solo con deseos o intenciones como por ejemplo: “Buscaré mejorar la educación, reducir la anemia, mejorar la vivienda”, sin tener un planteamiento concreto para estos temas incluso con cifras y tiempos para que sus propuestas puedan ser fiscalizadas por sus votantes. 

Debe tener un claro conocimiento del Estado y, en específico, de cómo funciona el Congreso, hemos visto en las últimas elecciones a candidatos ofreciendo la realización de obras públicas o medidas que escapan a sus funciones solo con la finalidad de captar votos de manera engañosa.

Hay una frase referida a la corrupción que establece que “El primer acto de corrupción que comete un funcionario público es aceptar un cargo para el cual no tiene las competencias necesarias”, de autor anónimo. Hemos visto que una de las principales falencias de este Congreso, además de los actos visibles de corrupción, ha sido la calidad de sus parlamentarios. En antaño eran los notables los que asumían las funciones legislativas, los partidos políticos preparaban y llevaban al Congreso a sus mejores cuadros. En la actualidad, en donde todo se ha mercantilizado, hasta la política, tener dinero o grandes financiamientos basta para ser congresista, incluso pesa más que la trayectoria académica, sindical y social de los candidatos al Congreso. Hemos presenciado lo peor de un Congreso al que Vargas Llosa con lucidez ha señalado como un Congreso lleno de pillos y semianalfabetos. Revisar las hojas de vida para comprobar la trayectoria académica o en su defecto un comprobado liderazgo en organizaciones sociales, sindicales con una trayectoria limpia es básico para elegir un buen representante.

Finalmente, creo que muestro candidato o candidata debería tener marcada identidad por lo nuestro, sensibilidad social y haber contribuido con su pueblo de manera activa y desinteresada. 

A modo de conclusión creo que los ancashinos y ancashinas debemos superar esta frase de Gonzales Prada que señalaba que en nuestro país donde ponemos el dedo salta la pus, que nos lleva a pensar que nada podemos hacer para cambiar el estado de corrupción sistemática que atraviesa nuestro país. Debemos mirar fuera de las llagas y ver que hay muchos ciudadanos y ciudadanas haciendo cambios significativos en nuestro país por el medio ambiente, por los derechos de las mujeres, por construir un país más justo, muchos de ellos son jóvenes y debemos darles la oportunidad y generar las condiciones para que ingresen a la política. Aprovechemos también esta crisis para como ciudadanos tener una posición más activa, fiscalizadora y propositiva, y hacer de este nuevo escenario electoral un espacio para exigir compromisos colectivos de nuestros candidatos en el marco de las demandas de nuestro pueblo. 

¿Y para ti qué otras características o perfil deberían tener nuestros próximos candidatos al Congreso?

* Karla Fournier Robles es antropóloga social, administradora de empresas, con maestría en Gerencia Social, activista social y político, exdirectora ejecutiva del Instituto de Desarrollo y Responsabilidad Social Atusparia-Chimbote, directora del proyecto turístico y ecológico “Rescatur”. 

Foto:  elcato.org​

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