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LA COLUMNA DEL DÍA | Los asesores no son “damas de compañía”, los funcionarios tampoco

El docente y abogado Miguel Arista Cueva se estrena como columnista de RSD con este artículo sobre los funcionarios aduladores que rodean al gobernante regional de turno 

Hace unos años llegó a nuestra clase de maestría un docente recién graduado en Políticas Públicas, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, la tan prestigiada FLACSO, nada menos. El profesor Ricardo Patiño contaba que a su regreso a Perú fue invitado para ser asesor de un presidente regional; por supuesto, la propuesta le interesó, pues para eso se preparó. No obstante, al escuchar las condiciones pasó del entusiasmo a una confluencia de decepción, frustración e indignación cuando se le expuso que debía ser condescendiente, ponerse a disposición del partido y evitar contradecir al presidente. Es allí que expresó: “Los asesores no somos damas de compañía” y, por supuesto, como cualquier profesional que se respeta, no aceptó. 

Traigo a colación esta anécdota, que es más una lección de vida, por lo que sucede, hace varios año ya, en las instituciones públicas de nuestra región, que se han convertido en una suerte de “cortes palaciegas” en donde advenedizos asesores se encargan de envanecer el ego del gobernante a cambio de retribuciones económicas y/o una cuota de poder. Y para subsistir en ese entorno, en nombre de la confianza y la lealtad, hacen el triste pero lucrativo papel de “cortesano adulador de palacio”. Para ellos no importa si el gobernante se equivoca, no importa si el pueblo se perjudica; lo único que importa es generar intrigas para hacerse necesarios; tratan de llenarle los ojos, siendo lisonjeros, zalameros y aduladores para sobrevivir y enriquecerse cerca del poder.  

Se debe entender que la confianza en un asesor o funcionario implica que se confía en su capacidad, en sus cualidades personales y profesionales para llevar adelante la visión, la voluntad política del gobernante, para orientarlo técnicamente y pueda así concretar sus propuestas. En ese mismo sentido, la lealtad es la fidelidad al Estado, a los principios y valores, a la propuesta de gobierno y, por supuesto, a la idea de quien lo requiere para el bien común. Los cargos de confianza fueron creados para que el gobernante convoque a profesionales que trabajen para obtener los logros ofrecidos, para que no lo obstaculicen ni boicoteen en su gestión pública y así pueda avanzar. Ni el asesor ni el funcionario de confianza deben ser convocados porque confían en que serán genuflexos cómplices de latrocinios y fechorías.

Lo lamentable es que los gobernantes parecen disfrutar de personajes con ese perfil. Es necesario reflexionar que los “chi cheñol” o los “firma Juanito” son nocivos en la gestión pública. La historia reciente en Áncash lo demuestra; además, para evitar que esta historia se repita, deben entender que los asesores y funcionarios están para aconsejar, orientar, guiar, encauzar, encarrilar, informar, no para ser complacientes, no están para ser cómplices, porque como bien dijo Patiño, “los asesores no son dama de compañía”. Y, yo agrego: “Los funcionarios tampoco”. 

Ilustración: http://tejiendoarans512.blogspot.com

* Miguel Arista Cueva es docente y abogado. Consultor, conferencista, especialista en gestión pública, educación y derecho administrativo. Fue director de la Dirección Regional de Educación de Áncash y del Colegio de Alto Rendimiento de Cajamarca, y gerente de Desarrollo Económico de la Municipalidad Provincial del Santa.

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