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LA COLUMNA DEL DÍA | La xenofobia como palabra y acción

Que las acciones del Estado no se oculten bajo el pretexto de pensar en la ciudadanía, cuando su verdadero rostro es otro, uno más lúgubre con la impronta de la xenofobia institucionalizada, señala el ingeniero Diego Mendoza

Las próximas elecciones congresales nos han mantenido a la expectativa de la oferta parlamentaria que está próxima a instalarse en el Congreso de la República, sin embargo, un hecho no menor en la agenda de la migración venezolana y sus efectos en el Perú, ha tomado lugar y parece que no le hemos prestado la atención necesaria.

En un acto criticado a nivel internacional, el ministro del interior, Carlos Morán, anunció la creación de una brigada especial para combatir a los ‘delincuentes venezolanos’. Ese es un claro gesto de xenofobia, es decir, temor a los extranjeros.

Parece que la base para criticar el incremento de la delincuencia cometida por la población venezolana, quiere interpretarse como un problema social cuya afectación tiene proporciones de asunto público. Este error frecuente desdice la literatura de la formulación de políticas públicas. La política pública es una forma de intervención del Estado y esta se diseña teniendo en cuenta una carga demográfica y social de la mano de la problematización de cualquier tema relevante para las necesidades de un país. 

Un problema social debidamente agendado responde a razones objetivas donde, por un lado, el riesgo asumido tenga una aplicación indiscriminada y transversal en la sociedad. En ese sentido, un ejemplo de ello podría ser la anemia, la misma que desconoce de geografía, pero cuya génesis vive en la incontrastable cifra del 50% en promedio dentro de las distintas regiones del país.

Pensado de esa forma, resulta inverosímil creer que, inclusive en la progresión de la tasa delictiva extranjera de procedencia venezolana, pueda decirse que en la medida que esta tendencia fue positiva, se configuró un problema público. Una prueba de ello es que, aunque se registró una subida significativa entre el 2016 y 2019 teniendo como resultado un total de 5767 denuncias, dicho número solo reflejaba el 55% de las denuncias del universo delincuencial extranjero total. ¿Cuánto representa ello? Solo un 6% del total de hechos delictivos cometidos en el país.

Estos números atestiguan la errática y confusa tarea de ciertos medios de comunicación para azuzar y desinformar a la ciudadanía de un problema que no tiene relación alguna con la realidad.

Lo que sí se generaría, es un efecto negativo que se albergará en el amplio rechazo de la población peruana respecto a la venezolana. Es decir, ¿una brigada especializada para la delincuencia extranjera? ¿Cómo operarán, diferenciando por el acento de la persona o por algún distintivo en el pecho o la cabeza? La nacionalidad no distingue los malos hábitos. 

La creación de dicha brigada especial no debe desviar la atención sobre otros aspectos relevantes en la atención de los retos del flujo migratorio venezolano, sobre todo si se toma en cuenta la dimensión de la población venezolana, es decir, casi 01 millón de personas.

El Perú debe formular políticas migratorias que permitan incluir la cualificación de la mano de obra en la sectorización del mercado laboral. El problema de ello es que nuestro mercado es ampliamente informal, y, por consiguiente, la ejecución de un plan de dicha envergadura no posee instrumentos de medición calibrados y una correcta metodología.

Que las acciones del Estado no se oculten bajo el pretexto de pensar en la ciudadanía, cuando su verdadero rostro es otro, uno más lúgubre con la impronta de la xenofobia institucionalizada.

En dos días elegiremos a nuevos congresistas. Pido que se haga pensando en la pésima experiencia del último Congreso, en la medida que evitemos ello y no se repita. Aquellos que postulan otra vez por Áncash, ya perdieron su oportunidad, apostemos por rostros jóvenes y de casas políticas sin vínculos con la corrupción y malos hábitos. Es nuestra responsabilidad y debemos cumplirla de la mejor manera posible.

* Diego Mendoza Franco es ingeniero industrial, egresado del Programa de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública de la PUCP y el CAF, coordinador del Círculo de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos Aleph, promotor de los ODS por el Senado de Buenos Aires, Parlamentario Joven Nacional y activista social.

Foto: Venezuela al Día

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