LA COLUMNA DEL DÍA | La experiencia común de los seres humanos, La ética de las virtudes es un proyecto de vida
Creado el Viernes, 14 de Junio del 2024 01:01:01 am

Si no existiera un fundamento común, no se hubiera podido proclamar los derechos humanos. Tradicionalmente se llamaba este fondo común “ley natural”. Este fondo común es la ley del ser humano. Todos los que se preocupan para el futuro de la humanidad coinciden en la necesidad de una ética porque el ser humano es capaz de las cosas más atroces. Sin embargo, hay dos problemas: en primer lugar, un distanciamiento entre el orden tecnológico- económico y el orden ético. El mercado monopoliza el derecho de enseñar a los hombres lo que pueden saber y lo que pueden hacer o no hacer. El proceso actual del poder del dinero ha cambiado la cultura y ha sometido al ser humano que piensa que el sentido de la vida vendrá por la tecnología y el dinero. En segundo lugar, la filosofía de Kant que ha reducido la ética al deber, al cumplimiento de normas por el individuo.
El filósofo Fernando Savater afirma: “Ser humano consiste en tener buenas relaciones con los otros eres humanos. Poseer las cosas te permite relacionarte más favorablemente, a condición de que estas estas no se condigan a los demás. Al tratar a las personas como personas y no como a cosas estoy haciendo lo posible que me devuelven lo que solo una persona puede darle a otra.” ¿Cómo deben ser mis relaciones con los demás? La cultura no es solo ciencia, tecnología y arte, sino también fundamentalmente el respeto entre las personas, la ética. Necesitamos la libertad y la felicidad de los demás para poder entendernos a nosotros mismos y sentirnos realizados. Vemos entonces que la ética es el eje central de la vida y lo que le da sentido.
La libertad es la capacidad de transcender la naturaleza y la historia. Su libertad permite el perfeccionamiento y trasciende los límites que el materialismo quiere imponer. Al reflexionar sobre nosotros mismos encontramos los valores. La persona se ocupa del bien de la vida humana “desde dentro”, en su intención. Se trata de una ética elaborada desde el punto de vista de la persona. El deseo del bien, las virtudes, los ideales y la conciencia fundamentan las normas. De esta manera las normas no son exteriores ni impuestas. Surgen de la decisión libre de la persona. Es lo contrario de una ética materialista donde lo exterior reemplaza lo interior o la conciencia. En esta visión los problemas y la conducta humana se deberían ver en el cuadro del mundo exterior y no por una valorización desde el interior. La persona resulta ser un producto del entorno sin ninguna evaluación y decisión de su libertad.
André Comte Sponville, filósofo materialista, afirma que todos, ateos y creyentes, debemos asumir la ética de las virtudes. Nuestra experiencia común no puede ser solamente el dinero y la distracción. La vida buena se manifiesta en las virtudes. Una moral que se limita a denunciar es una moral de gente triste. El que practica las virtudes encuentra la felicidad.
El gran filósofo de las virtudes es Aristóteles. Aristóteles enseña que la virtuosidad es fuerza, excelencia, cualidad de vida y arte de vivir. La ética de la virtud puede ayudar mucho a los problemas actuales. La ética de la virtud se dirige hacia los grandes problemas como injusticia y violencia, pero a partir de la actitud de cada uno. Esto no significa que sea individualista. La virtud individual es indispensable para el crecimiento individual, pero también para el desarrollo de una sociedad justa. El proceso económico tiene implicaciones morales. El estadista debe tener conciencia de responsabilidad moral. Las autoridades y los funcionarios deben actuar sobre la base de sus propias virtudes para que las personas pueden encontrar justicia en las instituciones. El único camino para superar la corrupción institucionalizada, es la educación de virtudes en la familia. La ética es un proyecto de vida.
Aristóteles mencionaba las siguientes virtudes: Justicia, fortaleza, templanza, pudor, liberalidad, magnificencia, magnanimidad, compasión, dulzura, veracidad, buen humor, amistad, indignación y equidad. Encontramos esta lista, más o menos, también en la tradición de la Iglesia católica. Sin embargo, Cristo manifiestan en la última cena: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor”. Él anunció la virtud teologal del amor que cambio el sentido de todas las virtudes. La justicia está presenta en todas las virtudes porque relaciona todas las virtudes, pero el amor lleva todas las virtudes, inclusive la justicia, hacía el bien. La justicia sin amor puede quedarse en ser justos solo con un grupo.
Edith Hall cita al filósofo Anderson: “Ningún pensador de la Antigüedad habla más directamente a las preocupaciones y las angustias de la vida contemporánea que Aristóteles. Tampoco está claro que algún pensador moderno ofrezca tanto a quienes viven estos tiempos de incertidumbre”. El enfoque práctico con que Aristóteles aborda la filosofía puede cambiar nuestra vida para mejor. Temistio, uno de los comentaristas antiguos de Aristóteles, dijo que el Estagirita era “más útil para la masa” que otros pensadores.
Numerosos centros profesionales tratan de resolver el problema de las virtudes por “comités de ética” porque ya no se sabe la diferencia entre bien y mal. Estos comités se deberían llamar de reglas porque falta el factor de la decisión libre de hacer el bien. Si la persona no busca el bien por convicción, las reglas del comité no le servirán porque no cubren toda la realidad.
En la ética de las virtudes se trata de formar una actitud desde la cual se analiza y se toma decisiones. La acción correcta depende de la actitud correcta. La actitud correcta nos ayuda a la buena elección. Muchos líderes políticos actuales no tienen la actitud correcta porque no tienen valores ni conciencia. La ética es más que una técnica para resolver problemas. Se parte de la idea de que existe una diferencia entre el bien y el mal. Se fija en normas, pero a partir de los ideales o principios.
*Padre Johan Leuridan, OP, doctor en Teología en la Universidad Urbaniana (Vaticano), personalidad meritoria de la Cultura del Ministerio de la Cultura, miembro honorario de la Academia de la Lengua, doctor honoris causa de la Universidad de San Marcos y autor del libro "El Sentido de las Dimensiones éticas de la Vida".
