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LA COLUMNA DEL DÍA | Irán y Estados Unidos, ¿un desenlace inminente? (I)

Al cierre de esta columna queda claro que no hay guerra porque ningún país así lo desea dado que, de un lado u otro, el poderío nuclear es sinónimo de destrucción total, señala el ingeniero Diego Mendoza

El reciente asesinato del general iraní Qasem Soleimani ha problematizado aún más la relación entre Estados Unidos e Irán. La situación en tensión ha ido trepando rápidamente como un asunto de alto riesgo y cuyo desenlace podría agudizarse dependiendo de las acciones a modo de respuesta entre ambos países. 

Desde el derecho internacional queda perfectamente establecido que el actuar estadounidense es ilegal por haber asesinado a un alto representante de otro Estado, con el cual no se tenía una guerra declarada. El ataque con un dron de manera selectiva es una violación al derecho internacional y deja de manera tácita un mensaje fuerte y peligroso. 

Sin embargo, el gobierno estadounidense quiere marcar una diferencia en su accionar basándose en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, el mismo que refiere (en parte) que: “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacional (…)”. 

Pero esta insistencia en la Carta de Naciones Unidas no tiene lugar. Tal como recuerda la relatora especial de Naciones Unidas sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Agnes Callamard, el criterio de defensa propia anticipatoria es reducido, de modo tal que “debe ser una necesidad instantánea, abrumadora y que no deje espacio a la elección de los medios ni momento para la deliberación”. De ahí a que sea imposible que dicha lógica aplique correctamente al caso en cuestión.

Por otro lado, habría que recoger las pruebas necesarias para confirmar que el gobierno estadounidense actuó de tal manera para prevenir ataques futuros. Este razonamiento puede apoyarse en la medida que, desde el ataque del 2001, toda medida viene pensada en evitar agresiones al largo plazo. De cualquier forma, esta es solo una especulación que debería ser corroborada con pruebas que hasta el día de hoy no existen. Así lo hizo ver la falta de respuesta del Secretario de Estados Unidos, Mike Pompeo, cuando fue interrogado al respecto.

El escenario actual merece una mirada más allá del derecho internacional, después de todo, la muerte de Soleimani ha tenido fuertes repercusiones por el papel que ha desempeñado en la región de oriente medio a la par del cargo de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria. Vale mencionar que el Estado Iraní tiene por un lado un ejército convencional y, por otro, una rama de las Fuerzas Armadas que solo obedecen al Ayatolá Alí Jameneí y cuyo rol principal es evitar la interferencia extranjera y por tanto cumplen una tarea fuera de las fronteras.

¿Por qué influye tanto la muerte de Soleimani? Pues por ser el segundo hombre de mayor poder en Irán (solo después del Líder Supremo) y porque su tarea ha vinculado los intereses de países como Afganistán, Irak, Siria, Israel y Arabia Saudita. 

Las atrocidades cometidas por Soleimani fueron reales y nunca será juzgado por lo que hizo, entre tanto, por participar con el apoyo de milicias proiraníes a la empresa de Rusia y el régimen sirio contra zonas urbanas bajo control de milicias opositoras a Bashar al-Ásad. Sin embargo, independientemente de este hecho no menor, la única certeza es que la decisión de Trump ha complicado la situación en la región y las alternativas de solución.

Al cierre de esta columna queda claro que no hay guerra porque ningún país así lo desea dado que, de un lado u otro, el poderío nuclear es sinónimo de destrucción total. Además, Estados Unidos no asumiría dicho costo y menos Irán por tener una asimetría de poder militar superlativa, a saber, el gasto de defensa iraní oscila entre 1.5% y 2% respecto al gasto total estadounidense.

Hasta aquí nos hemos referido brevemente a una mirada general del asunto, en la próxima columna analizaremos sus consecuencias, la relación con las elecciones en Estados Unidos, la ruptura de las relaciones entre ambos países y, por supuesto, el horizonte del posible diálogo.

* Diego Mendoza Franco es ingeniero industrial, egresado del Programa de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública de la PUCP y el CAF, coordinador del Círculo de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos Aleph, promotor de los ODS por el Senado de Buenos Aires, Parlamentario Joven Nacional y activista social.

Foto: Público

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