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LA COLUMNA DEL DÍA | El Perú ante una encrucijada

A muchos peruanos les resulta difícil votar por una candidata que dirigió una bancada congresal mayoritaria incompetente y autodestructiva o por un candidato comprometido con un sector ligado a una corriente de pensamiento cercana o coincidente con Sendero Luminoso, analiza hoy Gabriel Mejía Duclós
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Los resultados oficiales de la ONPE al 100% en las Elecciones Nacionales a la Presidencia de la República confirmaron el pase a la segunda vuelta electoral de Pedro Castillo de Perú Libre con un 19.04% y Keiko Fujimori de  Fuerza Popular con el 13.37% de los votos válidos. 

Pero si consideramos solo los votos netos, sin descontar los blancos y viciados, ambos candidatos suman solo el 26.5% de los votos válidos; es decir solo uno de cada cuatro electores que fueron a depositar su voto el 11 de abril lo hicieron por Pedro Castillo o Keiko Fujimori. Adicionalmente, tres de cada 10 electores no fueron a votar. 

Sin duda alguna, para más del 70%, es decir 7 de cada 10 electores peruanos, estamos ante una seria encrucijada en la segunda vuelta, y no podemos tan fácilmente entregar nuestra confianza a uno de los dos candidatos. Personalmente yo no voté por ninguno de los candidatos, porque a mi juicio no tenían, ni tienen los pergaminos democráticos para conducir los destinos del país.

A muchos peruanos nos resulta difícil votar por una candidata que en los últimos años no tuvo la capacidad de dirigir una bancada mayoritaria que contribuya desde el Congreso de la República a promover y aprobar leyes en beneficio de la población. Fuerza Popular se convirtió en una bancada incompetente y autodestructiva que contribuyó a enrarecer la política peruana.

De igual manera, a muchos peruanos nos resulta muy difícil votar por el candidato de Perú Libre por su evidente compromiso con un sector que política e ideológicamente tiene nexos directos con el Movadef, que representa una corriente de pensamiento cercana o coincidente con Sendero Luminoso, que en las décadas de los 80 y 90 impulso un proceso de violencia política y acciones terroristas que significó la pérdida de  más 200 mil peruanos. No solamente policías y miembros del Ejército, sino también dirigentes populares, sacerdotes como lo ocurrido en Pariacoto, dirigentes barriales, de las organizaciones de mujeres y de las comunidades campesinas y nativas. 

Es evidente que la voz del pueblo expresada en las urnas en la primera vuelta electoral constituye un serio emplazamiento a la clase política y al país entero. En las últimas décadas y hoy en medio de la más grave pandemia de los últimos 100 años, el Estado en general y el Poder Ejecutivo en sus tres niveles (nacional, regional y local) no ha tenido la capacidad para brindar los servicios más esenciales en salud, educación y justicia. 

Todos los últimos presidentes de la república, incluido Vizcarra, están involucrados en graves hechos de corrupción, pero, sobre todo, no han tenido la capacidad de liderar un proceso transformador que nos permita en el año del bicentenario estar orgullosos de los avances y resultados concretos en un país milenario que Dios ha bendecido con ingentes recursos. De igual manera, los gobiernos regionales nos han ofrecido un triste espectáculo lleno de corrupción e incompetencia.

Este desencuentro de los gobernantes con la realidad, con el presente y el futuro del país, lamentablemente, en el año del bicentenario, nos vuelve a poner en una seria encrucijada. El destino del Perú no podemos fácil e irresponsablemente concederlo a uno de los dos candidatos. 

Por ello, en los próximos días y semanas los hombres y mujeres, y especialmente los jóvenes  de este Perú milenario, debemos emplazar frontalmente a los dos candidatos a presentar sus propuestas, sus equipos de gobierno y a debatir abiertamente sin esconder nada bajo la mesa.  Los 32 millones de peruanos no debemos permitir que nuevamente nos vuelvan a mecer. Nadie quiere un país que siga en el pantano de la corrupción, ni tampoco dar un salto al vacío que nos lleve a experiencias como la venezolana donde se ha destruido el legado de Bolívar. 

* Gabriel Mejía Duclós es ingeniero agrícola con especialización en ingeniería de recursos agua y tierra, 25 años de experiencia en gerencia y dirección de instituciones públicas y privadas vinculadas al desarrollo social, económico y gestión ambiental, ex candidato a la Gobernación Regional de Áncash