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LA COLUMNA DEL DÍA | El día después de mañana, lecciones por aprender 

Dicen que no hay mal que por bien no venga y  desde esa perspectiva debemos asumir que  esta crisis es una oportunidad para empezar de nuevo y bien. Pero empezar bien requiere más que solo remover a los impresentables miembros del Congreso, comenta el profesor y abogado Miguel Arista Cueva

La primera parte del título de hoy hace referencia a la película estadounidense de ciencia ficción que tiene como argumento central la catástrofe  del mundo  generado por  el cambio climático y cómo un pequeño grupo de sobrevivientes debe luchar para mantenerse vivo ante la poderosa amenaza de la naturaleza. Traigo a colación la referencia cinematográfica porque la disolución del Congreso del pasado 30 de setiembre ha significado, para muchos, una catástrofe política que ya estaba advertida. 

Los primeros perjudicados con esa catástrofe política fueron los congresistas debido a que perdieron su poder y su sueldo.  Sin embargo, considero que los verdaderos perjudicados y sobrevivientes,  una vez más, son los pobladores que tienen que “luchar” para no pasar por otra crisis similar y bregar con la incertidumbre de las posibles implicancias económicas. 

Si dejamos de lado la discusión jurídica y  si preguntamos ¿quién es el responsable de esta catástrofe?, unos dirán el presidente Vizcarra y otros culparán a los congresistas. Pero creo que la crisis política tiene su origen en el abuso del poder de la mayoría congresal que irracionalmente obstruyó y desafió al Ejecutivo de manera constante. Además, los responsables de fondo somos los electores quienes elegimos a autoridades incapaces quienes, en muchos casos, tienen deudas con la justicia. Algunos dirán: yo no voté por esas autoridades. Yo tampoco. Sin embargo, es nuestra responsabilidad y es necesario promover una cultura cívica en la población porque las culpas nunca son viudas. 

Con la disolución del peor Congreso de la historia del Perú el presidente Vizcarra por fin escuchó al pueblo. El pueblo hizo catarsis y satisfizo su voluntad de expectorar a parlamentarios quienes en su mayoría eran impresentables y blindaban corruptos. Sin embargo, esa única medida no convierte en eficiente la gestión de Vizcarra y tampoco resuelve los problemas sociales del Perú. Entonces, lo importante hoy es conocer ¿qué sigue ahora?, ¿qué garantiza que el nuevo Congreso sea mejor que el que se fue? y ¿qué hacer con esta catástrofe política para no repetirla? Esos son los desafíos para resolver a mediano y largo plazo. 

El año 2016 me preguntaron en Huaraz sobre ¿qué opinaba de los candidatos al Congreso? Mi respuesta fue la siguiente: “Nada, lo único que sé de ellos, con excepción de una,  es que solo tienen DNI y mucha plata”. Ahora toca  pensar por quién votar para no encontrarnos con una situación similar. Y esta  vez debemos evaluar la trayectoria personal del candidato. Tenemos que conocer cuál es la experiencia  del candidato o qué hizo por su comunidad. 

Volteen a mirar al dirigente de su barrio, al que fiscaliza su obra, al que contribuye a limpiar la calle sin que le paguen, al que muestra voluntad de servir, etc. Basta de decir “votaré por él porque es un empresario exitoso” o porque “ya tiene bastante plata y no necesita robar”. Luego terminamos decepcionados. 

Dicen que no hay mal que por bien no venga y  desde esa perspectiva debemos asumir que  esta crisis es una oportunidad para empezar de nuevo y bien. Pero empezar bien requiere más que solo remover a los impresentables miembros del Congreso, no basta solo con convocar a elecciones. Necesitamos elegir diferente y bien. Y eso no se logra por decreto. 

Necesitamos construir ciudadanía que no se reduce simplemente ir a votar en cada proceso electoral. 

Miguel Arista Cueva es docente y abogado. Consultor, conferencista, especialista en gestión pública, educación y derecho administrativo. Fue director regional de Educación de Áncash y del Colegio de Alto Rendimiento de Cajamarca.

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