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LA COLUMNA DEL DÍA | El derecho a la palabra

La idea no es solo que más voces se escuchen en los medios, sino que la propiedad de los medios sea diversa; porque no siempre es fácil que las personas más empobrecidas del país puedan hacerse escuchar en la televisión o la radio como protagonistas y no como sujetas de una crónica roja, comenta hoy la abogada Rocío Huamancondor

Cuando somos bebés nuestra madre y nuestro padre nos van enseñando cómo llamar a las cosas; con el pasar del tiempo vamos aprendiendo a hablar, a comunicarnos. La palabra, más que sílabas y vocales, trae consigo una forma de describir al mundo, una forma de llamarlo, una forma de construirlo. Por eso, nuestras abuelas y abuelos dicen que las palabras tienen poder: tanto poder tienen que construyen nuestro modo de ver el mundo.  

Tomar la palabra, expresarnos, compartir nuestros pensamientos y sentimientos, expresar públicamente nuestras denuncias y nuestros proyectos, es un derecho humano: el derecho a la comunicación, que incluye el derecho de acceder a los medios de comunicación, a la participación, a la información, a la cultura. 

Los medios de comunicación -como la radio, la televisión, los periódicos y sus versiones digitales- tienen una centralidad indiscutible en este tiempo, porque “administran la palabra”. Así, no solo informan, también construyen ideas, interpretaciones y modos de entender el mundo. Los medios de comunicación tienen una enorme importancia simbólica y cultural en la construcción de nuestras realidades sociales.

Se podría pensar que para garantizar la diversidad y disonancia de voces se necesita únicamente que el Estado no impida que las personas expresen su opinión. Este pensamiento se sustenta en una ficción, pues supone “la aparente igualdad entre los ciudadanos abstractos” e ignora la “desigualad entre las personas concretas”. Es decir, existen desigualdades sociales que impiden que las personas ejerzan su libertad de expresión en igualdad de condiciones; por ejemplo, no todas las personas pueden acceder en igualdad de condiciones a los medios de comunicación.

Para que las personas más excluidas puedan acceder a los medios de comunicación, los organismos internacionales recomiendan a los Estados adoptar una serie de acciones; una de ellas es evitar el monopolio en la propiedad de los medios, es decir, que una persona o familia pueda tener muchos medios de comunicación. Por ejemplo, en Perú un grupo empresarial tiene el 78% de la distribución de diarios en el país, y ese mismo grupo es propietario de algunos canales de televisión. ¿Nos conviene que un solo grupo de personas administre la palabra?

La idea no es solo que más voces se escuchen en los medios, sino que la propiedad de los medios sea diversa; porque no siempre es fácil que las personas más empobrecidas del país puedan hacerse escuchar en la televisión o la radio como protagonistas y no como sujetas de una crónica roja. Claro, debo aclarar que existen medios -como RSD- que buscan abrir los micrófonos a la mayor cantidad y diversidad de voces. Y también depende de nuestro compromiso como ciudadanos y ciudadanas para ejercer nuestro derecho a la comunicación. 

Porque no se puede cambiar el mundo sin las palabras… No se puede cambiar la realidad sin la comunicación… No se puede cambiar este sistema sin las palabras, porque esas palabras lo construyen día a día.  

* Rocío Huamancondor Paz, abogada, con maestría en investigación y análisis de políticas públicas, coordinadora de redes de la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular – ALER.

Foto: IPS Agencia de Noticias

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