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LA COLUMNA DEL DÍA | De la cuarentena a la reapertura económica: arriesgada decisión

Los próximos 30 días serán cruciales, veremos si hemos sido capaces de aprender y ser más solidarios, higiénicos, responsables, disciplinados y resilientes. Porque si el comportamiento sigue siendo el mismo, cualquier decisión que se tome para pasar del confinamiento a la apertura económica será de altísimo riesgo, advierte hoy Yuri Vivar
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En un país tan complicado como el nuestro, con tanta informalidad, indisciplina, desorden e irresponsabilidad, los sesgos del comportamiento racional hacia lo intuitivo o emocional se hacen más evidentes y  se acentúan (Kahneman y Tversky, 2020)  en condiciones de estrés, cansancio e incertidumbre; por lo tanto, las decisiones de política gubernamental tienen que ser mucho más estudiadas, mejor diseñadas, mejor pensadas y en cortísimo plazo, porque el virus espera afuera y el hambre adentro. Difícil decisión.

Después de 70 días de enclaustramiento, los costos para nuestra economía en general y para probablemente más del 80% de nuestra población son claros y evidentes, porque sin lugar a dudas también hay quienes han sacado muchísimo provecho económico de la crisis.

Cerca de la mitad de los hogares han reportado pérdidas de empleos, y la mayoría de las empresas han cerrado o recortado drásticamente sus operaciones. La producción nacional en marzo cayó en 16.26%, según el INEI. Para Lima, en el trimestre móvil febrero-marzo-abril de 2020 la población ocupada se redujo en 25% (1 millón 216 mil 600 personas) al compararla con similar trimestre del año 2019, cifra que refleja el impacto de la pandemia de COVID-19, que obligó por razones de seguridad sanitaria a establecer medidas de cuarentena y de distanciamiento social, lo que generó paralización en la mayoría de actividades económicas.

Mientras que en muchos países del orbe el riesgo de infección disminuye y probablemente siga disminuyendo en los días venideros, el levantamiento gradual de las restricciones genera esperanza de una lenta recuperación económica, sin embargo, en nuestro país pese a estos 70 días de confinamiento las cifras de contagios no son alentadoras y prácticamente ha obligado al Ejecutivo a ser más drástico en el tiempo, pero flexible a ciertas demandas económicas que no podemos soslayarlas.

Como manifiesta el BID, el equilibrio entre proteger vidas —continuando con el distanciamiento social— y reabrir la economía —flexibilizando estas medidas— no es exactamente el mismo en los países desarrollados que en los de la región latinoamericana. Algunas de estas diferencias están en relación con los costos de suspender la cuarentena por el riesgo de pérdida de vidas; otras, con el costo de mantener cerrada la economía.

Estar de acuerdo con algunas medidas de gestión gubernamental no te hacen adulador del gestor, tanto como el estar en desacuerdo no te hacen enemigo u opositor. Nuestro individualismo y falta de solidaridad hace a veces que solo sea bueno lo que a uno le conviene y, por lo tanto, sea malo lo contrario.

Creo que la extensión del confinamiento regulado por D.S- 094-2020 “Ciudadanía hacia una nueva convivencia” que pretende lograr el equilibrio entre la vigilancia sanitaria y el retorno  paulatino de las actividades económicas en el país,  en líneas generales  es una buena decisión gubernamental. No estoy de acuerdo en la apertura de algunas líneas de negocios por el nivel de contacto. Se aproxima la fase 2 con 255 giros de negocios en distintas actividades, pero creo que ya no es un problema de lo que diga la norma sino de cómo la acatemos, y es en este campo donde más temores me genera. Si bien es cierto se pide y habla de  un enfoque de responsabilidad y disciplina, creo que es de lo que más carecemos.

Los próximos 30 días serán cruciales, veremos si hemos sido capaces de aprender y ser más solidarios, más higiénicos, más responsables, más disciplinados, más resilientes. Porque si el comportamiento sigue siendo el mismo, cualquier decisión que se tome para pasar del confinamiento a la apertura económica será sin dudarlo de altísimo riesgo. Nuevamente, que Dios nos dé la sensatez, la protección y la sabiduría necesaria para hacer lo correcto.

* Yuri Vivar Miranda es economista, catedrático universitario, especialista en gestión pública.

Foto: grupoverona.pe