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LA COLUMNA DEL DÍA | Tiempos de satisfacer necesidades y no deseos

Todo parece indicar que los seres humanos nacemos con la tendencia a convertir los deseos en necesidades, señala el doctor Felipe Llenque Tume*

A propósito de ver nuevamente a mucha gente yendo y viniendo por los centros comerciales de nuestra ciudad, asistiendo a lugares públicos y, por ende, tener que usar unidades vehiculares para poder desplazarse, como si nada hubiese pasado durante estos meses de cuarentena, corriendo el riesgo de poder contagiar o contagiarse de esta enfermedad que nos tiene aún en confinamiento; y, la verdad que lo hacen, muchas veces para satisfacer simples deseos: comprar artículos electrodomésticos, alguna vestimenta que esté de moda, entre otras vanidades de la vida.

Es importante señalar que el ser humano por naturaleza tiene necesidades y deseos. En tal sentido, es oportuno rescatar un artículo de Rafael Santandreu en su libro “El arte de no amargarse la vida”, las claves del cambio psicológico y la transformación personal, que señala lo siguiente:

En la mente de las personas maduras hay una especie de línea imaginaria que distingue claramente entre “deseos” y “necesidad”. Desgraciadamente, muchos confundimos con frecuencia ambos conceptos. Un deseo es algo que “me gustaría” ver cumplido, pero que “no necesito”. En cambio, una necesidad es algo sin lo cual realmente NO puedo funcionar.

La realidad –lo mires por donde lo mires– es que las necesidades del ser humano son, la comida y la protección frente a las inclemencias del tiempo, nada más. 

Es bueno tener deseos, es natural. Deseamos poseer cosas, divertirnos, estar cómodos, que nos amen, hacer el amor…, y todos esos deseos son legítimos siempre y cuando no los transformemos supersticiosamente en necesidades.

Y es que los deseos causan placer. Las necesidades inventadas producen inseguridad, insatisfacción, ansiedad y depresión.

Sin embargo, parece que las personas tenemos una fuerte tendencia a crear necesidades ficticias a partir de deseos legítimos.

La creación de necesidades artificiales produce malestar emocional, tanto si la satisfaces o no, porque:

  1. Si no lo consigues eres un desgraciado.
  2. Y si lo consigues, siempre lo podrías perder…, y ya estás introduciendo el miedo y la inseguridad en tu mente.

Como se indicaba antes, todo parece indicar que los seres humanos nacemos con la tendencia a convertir los deseos en necesidades. Es un problema que nos causa nuestra gran capacidad para la fantasía, que es un arma de doble filo.

Pero si queremos madurar tenemos que evitar esa tendencia y mantener siempre a raya los deseos, que están muy bien siempre y cuando sean solo divertimentos en una vida que ya es feliz de por sí.

Si los deseos no se cumplen, no pasa nada; no los necesitamos para sentirnos plenos, para disfrutar de nuestras posibilidades. Y es que, al margen de la bebida y la comida, no es racional “necesitar” nada más: ni amor, ni compañía, ni diversión, ni cultura, ni sexo.

La persona madura sabe que la única forma de disfrutar de los bienes de la vida es estar dispuestos a perderlos. De lo contrario la tensión inherente a la posibilidad de perderlos es demasiado grande. Solo podemos disfrutar de lo que podemos prescindir.

Por otro lado, tener necesidades inventadas conlleva a otro problema adicional y es la generación automática de insatisfacción. Como un niño que después de media hora, deja abandonados los regalos que le han hecho sus padres, así nos comportamos los adultos cuando tenemos expectativas demasiado altas acerca de nuestros deseos.

Dejemos sentado, por ahora, que uno de los puntos importantes que nos enseña la psicología cognitiva es que la felicidad implica disfrutar de los deseos sin apegarse a ellos, sabiendo que son meras formas de divertirse, pero en ningún caso, necesidades reales. 

Pues ahora bien, usted tome una sabia decisión: o satisface sus deseos o sus necesidades

* Felipe Llenque Tume es doctor en Administración, past decano del Colegio Regional de Licenciados en Administración (Corlad Chimbote), director de la Escuela de Administración en la Uladech Católica, consultor en capacitación y asesoría empresarial a sectores económicos de producción y servicios, y miembro del Directorio de Sedachimbote.

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