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LA COLUMNA DEL DÍA | Por una nueva convivencia

Es posible que en poco tiempo tengamos un mundo unido por las ubicuas redes virtuales, localizadas en un ciberespacio que tenderá a reemplazar a la interacción social cara a cara, señala hoy el doctor Felipe Llenque Tume

El covid-19 ha desnudado las debilidades que tenemos como sociedad: como seres humanos, como empresa, como Estado o como otro tipo de organización social. Sin embargo, también ha traído, trae y, seguramente traerá nuevas oportunidades para las personas, para los negocios, para el Estado. Ante estas circunstancias, bien vale la pena hacer conocer un paper de la Sociedad Peruana en tiempos de covid-19 a cargo del Comité Temático de ciencias sociales del Ministerio de Salud (Minsa) que, en la Presentación del trabajo, señala lo siguiente:

Cuando termine la cuarentena que ha confinado a más de la mitad de la humanidad en sus espacios privados, el mundo que conocíamos ya no será el mismo. Las rutinas de trabajo y estudio, las prácticas habituales de relacionamiento afectivo con nuestras familias, amigos y vecinos, que seguían unos patrones establecidos y consolidados por la costumbre, se ha ido quizás para siempre. Es la textura misma de la vida cotidiana, es decir, la sensibilidad, la percepción y el comportamiento de distintos grupos sociales, lo que se está transformando en direcciones inéditas y a una velocidad sin precedentes.

Un nuevo repertorio de interacciones sociales entre el individuo y la sociedad irá abriéndose camino en plazos más breves de los que anticipamos. La dirección que dichos patrones adopten dependerá de la duración de la crisis actual y de las políticas y acciones que tomen los gobiernos para encontrar las mejores salidas para una población que se encuentra a la expectativa de

respuestas que afirmen la vida frente a la incertidumbre y la muerte. 

Las certezas las buscamos ahora en la ciencia, con la esperanza de que los científicos encuentren en sus laboratorios la vacuna que nos salve antes de ser consumidos por la enfermedad. La fe de los creyentes, en sus diversas filiaciones religiosas, también es una de las pocas fuentes de cobijo afectivo y de trascendencia espiritual frente al desamparo en el que se han sumido nuestras frágiles existencias.

Es posible que en poco tiempo tengamos un mundo más fragmentado, unido principalmente por las ubicuas redes virtuales, localizadas en un ciberespacio que tenderá a reemplazar a la interacción social cara a cara. Las atribuciones de los Estados nacionales volverán con fuerza, pero la globalización informativa y cultural no se detendrá. Internet seguirá trayéndonos el acontecer mundial a nuestras casas y es probable que nos ayude a comprender, si discernimos con cuidado, que las amenazas son comunes, pero las respuestas que dan las sociedades a sus encrucijadas suelen ser diferentes. 

Estos escenarios posibles presentan un panorama incierto y hasta sombrío del futuro de la humanidad y, por extensión, del Perú. Pero también hay señales de fortaleza y resiliencia en todos los niveles y sectores de las sociedades. El mundo entero es testigo de la revalorización social de grupos humanos hasta ahora invisibles: trabajadores dedicados a la limpieza pública y  al suministro de bienes esenciales en los supermercados, policías y militares que controlan el cumplimiento de las normas de urgencia, científicos, médicos y otros profesionales de la salud que luchan por salvar vidas en jornadas agotadoras, funcionarios públicos comprometidos en su labor directiva y orientadora, entre tantos otros olvidados, se convierten en los héroes modernos y en los protagonistas de un altruismo generoso que siempre estuvo ahí sin que percibiéramos su verdadero valor social. Y también somos testigos de muestras consistentes de solidaridad provenientes de la sociedad civil: grupos de voluntarios, organizaciones sociales de base y no gubernamentales, personas altruistas, algunas empresas ejercitando prácticas de responsabilidad social, universidades aportando conocimiento y ciencia aplicada, y una larga lista de iniciativas filantrópicas de personas, empresas e instituciones que donan tiempo, dinero o conocimientos para aliviar la penuria material y el sufrimiento psicológico de quienes forman parte de los grupos sociales más vulnerables y en mayor riesgo.

La crisis abre posibilidades insospechadas que hasta hace unos meses podían parecer faltas de realismo. Cambios profundos, nuevos comienzos y desarrollos sociales que ya estaban en formación se han acelerado y se imponen con inusitada intensidad. El Perú, en particular, con sus muchas debilidades, se encuentra ante una grave prueba, pero también ante una posibilidad excepcional en su historia. Podemos marchar hacia otro período de oscuridad, escasez y autoritarismo, quizás más profundo que los varios que ya hemos atravesado en las últimas décadas. Pero también podríamos estar en camino hacia un nuevo espacio que nos permita acelerar el paso en la maduración de cambios, en la mentalidad colectiva y, su correlato, en reformas institucionales largamente postergadas. De hecho, la emergencia del sector salud, por ejemplo, ha permitido que en el lapso de unas pocas semanas se precipiten cambios valorativos y normativos que en tiempos normales habrían tardado décadas en cumplirse, si es que no naufragaban en nuestra habitual inoperancia para superar las históricas inercias que nos atan sin que lo advirtamos plenamente.

* Felipe Llenque Tume es doctor en Administración, past decano del Colegio Regional de Licenciados en Administración (Corlad Chimbote), director de la Escuela de Administración en la Uladech Católica, consultor en capacitación y asesoría empresarial a sectores económicos de producción y servicios, y miembro del Directorio de Sedachimbote.

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