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LA COLUMNA DEL DÍA | Necesidad de un Estado sólido ante la interferencia política

Hay la necesidad de tener un Estado sólido con un parlamento e instituciones y empresas públicas y privadas que hagan respetar nuestro país. Bienvenido el capital extranjero pero sujeto al respeto por nuestra soberanía, señala el doctor Felipe Llenque Tume*

Estamos ad portas de nuevas elecciones generales. Nuevamente los ciudadanos elegiremos a nuestros representantes. La pregunta es ¿ya estamos preparados para hacerlo? Me refiero a que si somos conscientes, después de haber pasado por la experiencia de periodos de gobiernos anteriores, si somos capaces de elegir a las personas idóneas que nos van a gobernar por cinco años (si es que, en el trayecto, no existen vacancias). Vaya usted a saber. Sin embargo, es importante hacer conocer al común de las personas, que muchas veces desconocen procesos que se dan porque son parte de un sistema económico, político y social que no dependen solo de quienes estén gobernando, sino que dependen del sistema internacional en que está inmerso el país. Y me refiero específicamente a la interferencia política que tiene el poder económico de empresas internacionales, multinacionales o trasnacionales en la vida política de ese país.

Del libro “El comercio internacional y su impacto en la cultura y el derecho”, cuyo autor es Aníbal Sierralta Ríos, resaltó el siguiente extracto: la última etapa del proceso internacional del comercio es la interferencia política, punto al que se llega después de que las empresas y sus países ha recorrido la exportación de servicios, se han consolidado en el medio ambiente del país receptor; posteriormente se ha internacionalizado y dominado los mercados de destino; y, por último, su presencia ha facilitado el control tecnológico, como mecanismo de vinculación entre los servicios y la inversión. Todo este esfuerzo tiene su culminación con la interferencia política, pues la acción de las empresas requiere, para su ulterior desarrollo, el control político, a fin de asegurar y proteger sus inversiones.

La fricción entre el Estado y los grupos de poder económico no es reciente ni solo exclusiva del desarrollo de las grandes inversiones, como ahora las conocemos; tiene antigua data, tal vez su primera expresión en la historia moderna se dio cuando el rey francés Felipe el Hermoso, en el siglo XIII, persiguió y aniquiló a la orden religiosa de los Caballeros Templarios, solo porque habían acumulado inmensas riquezas y eran los acreedores más importantes de la Corona.

La interferencia política se puede apreciar en diferentes y variadas circunstancias y realidades geográficas. Así, las empresas brasileñas de construcción pesada, como Odebrecht, contaron con el apoyo directo de los gobernantes de turno para radicarse e imponer sus proyectos en varios países de Latinoamérica, utilizando el soborno como medio de ablandamiento político. Similar fue la conducta de la compañía Aramco-una de las siete grandes operadoras estadounidenses de petróleo en los países árabes-, que presionó al gobierno saudita para destituir a un ministro, quien sustentaba la tesis de la nacionalización del hidrocarburo y “consideraba la presencia extranjera como auténticos parásitos industriales, que además se adueñaban de la economía nacional y disimuladamente de su soberanía” (Kaplan, 1993, p.58).

Sin embargo, la interferencia política es admitida por muchos estudiosos de la internacionalización, como Andrés López (199, p.279) quien señala que los empresarios chilenos han realizado inversiones en el exterior con el propósito de un mejor entendimiento de la cultura local y un acceso más cercano a los gobiernos respectivos, en donde buscan una explicable protección y fortalecimiento de sus inversiones. Otro ejemplo que demuestra la validez de la teoría evolutiva del comercio internacional son los tratados de libre comercio entre países con grandes desniveles tecnológicos, políticos y militares.

Ante lo señalado anteriormente, hay necesidad de tener un Estado sólido con un parlamento e instituciones y empresas públicas y privadas que hagan respetar nuestro país. Bienvenido el capital extranjero pero sujeto al respeto por nuestra soberanía.

* Felipe Llenque Tume es doctor en Administración, past decano del Colegio Regional de Licenciados en Administración (Corlad Chimbote), director de la Escuela de Administración en la Uladech Católica, consultor en capacitación y asesoría empresarial a sectores económicos de producción y servicios, y miembro del Directorio de Sedachimbote.

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