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LA COLUMNA DEL DÍA | Miniganadores

Si quieren obtener la victoria, ambos candidatos deben dejar de ser miniganadores en sus feudos electorales y convertirse en presidenciables, señala el abogado Pablo Rioja Cueva

Los resultados que publica la ONPE para la elección presidencial se han detenido al 97% de su cómputo, pero es claro que Pedro Castillo con 15.6% y Keiko Fujimori con 10.9% de los votos emitidos han pasado a la segunda vuelta.

Las cifras aumentan a 19 % para el candidato de Perú Libre y 13.3 % para la candidata de Fuerza Popular cuando sólo se contabilizan los votos válidamente emitidos; es decir, cuando se han retirado del cómputo general, más de 3 millones de votos que corresponden a la suma de votos en blanco y nulos, los reales vencedores de esta primera vuelta.

Así es, los votos blancos y nulos superaron a la votación obtenida por Castillo y Fujimori, hecho que grafica por sí mismo que ninguno de los dos candidatos puede irrogarse la real representación de la masa votante en esta primera vuelta.

A la luz de los resultados, Castillo y Fujimori son apenas pequeños victoriosos de una elección que tuvo una larga lista de dieciocho aspirantes presidenciales, de los que precisamente no lograron desmarcarse con claridad, si tomamos en cuenta la realidad de los votos emitidos y no sólo la formalidad electoral de los votos válidos. Apenas uno de cada cuatro peruanos habría votado por alguno de los miniganadores, los otros tres sufragantes escogimos a candidatos que no pasaron a la segunda vuelta.

Por el lado de Castillo su propuesta de un modelo de izquierda radical y provinciana es una versión repetida del viejo marxismo–leninismo, que contra todo pronóstico logró superar largamente al modelo de la izquierda limeña, progresista en lo social e intervencionista en lo económico que proponía Verónika Mendoza, quien además tuvo que resignarse a ver como se reducía a menos de un tercio su votación con respecto al 2016. Además, el radicalismo de Castillo bastó para borrar del espectro zurdo a Humala, Arana, Vega, Gálvez y Alcántara que quedaron rezagados a los últimos lugares con porcentajes que rondaban entre el 1 % y el 0.5 % de los votos emitidos, jubilándolos políticamente para este quinquenio.

En síntesis, es válido decir que, si bien Pedro Castillo ocupó el primer lugar en la primera vuelta con la votación más baja de la historia, es también cierto que ganó ampliamente a sus contendores del lado político que representa: la izquierda. Es probable que el nuevo liderazgo de Castillo y la expectativa en torno a un eventual triunfo le permitan aglutinar a los grupos de izquierda, pero ello no lo llevaría a sumar más de un tercio de los votos, el reto que tiene por delante está en convencer a los que no forman parte del confeso tercio que simpatiza con las ideas de izquierda en el Perú para alzarse victorioso.

Por el lado de Fujimori, hizo una campaña relativamente silenciosa y apeló al recuerdo del fujimorismo auroral para obtener una discreta votación, que le ha bastado para llegar a la segunda vuelta con el único candidato con el que podía competir sin sentirse derrotada antes de la elección. Sin embargo, a diferencia de su contendor, Keiko Fujimori apenas superó a López Aliaga y De Soto, que representan un modelo político y económico muy similar al suyo, en el que solo se distinguían respecto a su posición sobre los derechos civiles. Además, también superó a Acuña y Urresti que fueron candidatos de corte mercantilista y populista, más cercanos a su electorado que a la izquierda, y a Beingolea y Santos, ganadores en los debates con planes de gobierno muy similares al de la candidata naranja y que ideológicamente se ubican en las antípodas de Castillo.

 

Empero, el liderazgo de Fujimori en la derecha, en los grupos conservadores y en los sectores que creen en el modelo económico de libre mercado; no existe, y tendrá que hacer mucho para convencer a esos electores que, a su vez, decidirán su voto independientemente de la posición que asuman sus fallidos candidatos, si lo logra, habrá recuperado el 40 % de los votos que tuvo en la primera vuelta del 2016. Además, para ganar la elección, necesita romper su anti voto con claros gestos de respeto a la democracia y a sus instituciones fundamentales, y que sus propuestas generen una coalición con los electores y no sólo con los excandidatos.

Sin embargo, el gran elector de la segunda vuelta está instalado en ese tercio de votantes que no está ideologizado, ni le interesa mucho los planes de gobierno o los modelos económicos, pero que con justa razón busca un gobernante que soluciones la falta de vacunas para el covid, que reactive la economía y tenga una propuesta seria para combatir la delincuencia y la corrupción.

Si quieren obtener la victoria, ambos candidatos deben dejar de ser miniganadores en sus feudos electorales y convertirse en presidenciables con temple de estadistas para todos los peruanos.

* Pablo Rioja Cueva es abogado especialista en derecho constitucional y administrativo, árbitro en contrataciones con el Estado y laboral. Tiene amplia experiencia en gestión pública y docencia universitaria. Fue regidor en la Municipalidad Provincial del Santa.

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Foto: Andina / Composición: RSD