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LA COLUMNA DEL DÍA | La “revolución cultural” que nadie espera

En esta ciudad mediocre que tenemos todavía hay gente que piensa que el trabajo cultural no debe ser remunerado adecuadamente; hay funcionarios que creen que el sector se reduce a organizar insignificantes actividades culturales con los artistas de su entorno, señala el escritor y periodista Augusto Rubio Acosta

La deuda que las autoridades regionales, provinciales y distritales tienen con el quehacer cultural de esta parte del país es incalculable y vergonzoso, imposible de pagar. La historia y la memoria social del puerto son contundentes en ese sentido: nunca ha habido una verdadera voluntad política de transformar el sector más importante que existe; siempre se le negó al pueblo la posibilidad de educarse con contenidos de calidad; de ser parte de la elaboración de políticas públicas, proyectos y actividades culturales coherentes y sostenibles; la cultura fue considerada todo el tiempo (a pesar de las diversas épocas de bonanza económica que atravesó la urbe) algo prescindible, el sector más olvidado.

La realidad es dura; sin embargo, a pocos ciudadanos interesa. Sin gobernantes comprometidos en resolver la precariedad en que se desenvuelve la actividad artística y cultural, nunca cambiarán las cosas en Chimbote. Todo parte de ahí y hacia ahí se dirige. La resistencia que puedan ejercer algunos intelectuales y asociaciones culturales será insuficiente e insostenible, los politiqueros de turno en el poder lo saben. La impotencia que socava a quienes forman parte de este postergado sector ha aumentado exponencialmente a medida a que pasan los años, las malas autoridades y sus pésimas gestiones gubernamentales, y continúa existiendo la imposibilidad de intervenir en la mejora de las condiciones de vida. 

¿Qué tiene que pasar en el puerto para que quienes gobiernan entiendan que la cultura es susceptible de generar riqueza en el mejor sentido posible?, ¿qué tiene que ocurrir para que los esbirros del poder renuncien a la histórica desidia que conduce, traga y consume sus vidas?, ¿cuántas décadas o siglos más tendrán que pasar para que los funcionarios municipales y regionales deseen o se dignen en construir el presente y planificar el futuro de esta tierra?, ¿acaso nunca será posible garantizar la solidez de siquiera un solo proyecto cultural importante?, ¿cuáles son nuestros proyectos culturales trascendentes?, ¿los tenemos? El Estado nunca ha invertido en el puerto en la construcción o implementación de un museo (no estoy diciendo que sea necesario como “exigen” las masas); tampoco se ha construido un teatro o una galería de arte que trabaje permanentemente y con un adecuado estándar de calidad; ni siquiera la Biblioteca Municipal del puerto tiene local propio tras más de cincuenta años de existencia (la Biblioteca de Nuevo Chimbote ni siquiera existe). Del trabajo de quienes han conducido o conducen el destino de las áreas de Cultura en la ciudad mejor no me ocupo porque la historia y la triste realidad los juzga y señala.

En esta ciudad mediocre que tenemos todavía hay gente que piensa que el trabajo cultural no debe ser remunerado adecuadamente; hay funcionarios que creen que el sector se reduce a organizar insignificantes actividades culturales con los artistas de su entorno, creadores e investigadores (por su puesto sin filtro de calidad alguno y en paupérrimas condiciones de producción); hay gobernantes que entregan las áreas del sector a personas sin ningún tipo de experiencia o perfil para dedicarse a gestionar, estimular y promover la producción cultural. Y encima sin un presupuesto digno, sin material logístico y humano calificado o con experiencia positiva en las instancias de dirección.

La precariedad es espantosa en el trabajo cultural del puerto. Otro día me animaré a comentar una a una la realidad de las diversas artes y el oscuro futuro gubernamental de siempre. Los grandes méritos en las distintas disciplinas que se han dado a lo largo de la historia se han producido por la tenacidad y el valor del trabajo creativo de los artistas independientes, gente que con tenacidad saca adelante una escena cultural que languidece (que da pena) ante la anomia estatal más espantosa que se haya visto.

* Augusto Rubio Acosta es poeta, narrador, periodista y gestor cultural.

Foto: ipama.org.pe

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