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LA COLUMNA DEL DÍA | Gasto público y diversificación productiva: herramientas de desarrollo (I)

La economía regional sigue atravesando una dualidad en su comportamiento. Por un lado, el crecimiento macroeconómico mayormente positivo, y por otro, a nivel microeconómico lo primero no se percibe, señala el economista Yuri Vivar Miranda

Los indicadores macroeconómicos de Áncash al 2018, según el Banco Central de Reserva, indicaban que fue la región donde más creció el PBI regional; 7.1%. La pesca había alcanzado la fabulosa cifra de 96%, la agricultura 10.5 %, la manufactura 28.9%, la minería 3.2%, entre otras cifras positivas. 

A diciembre de 2019, por el contrario, calculo que el PBI regional habrá alcanzado cifras negativas siguiendo la tendencia que hasta noviembre arrojaban, según la misma fuente, una caída de -0.3% en Agricultura, -3% en pesca, -7.9% en minería, -4.2% en manufactura, -1.4% en construcción, -16.5% en exportaciones… Es decir, todos los sectores productivos estarían en rojo, salvo algunos sectores de servicios, especialmente el financiero. 

Sin embargo, la crisis se percibe ya sea con indicadores macroeconómicos positivos, como lo fueron entre el 2016 y 2018, o  con negativos, como los del año pasado. Los indicadores de desempleo son altos y la población en su mayoría no está gozando en la última década de ese crecimiento macroeconómico porque este está sustentado principalmente al sector minero que contribuye con más del 50% del PBI regional y cuyo producto es primario exportador. 

La economía regional sigue atravesando desde hace muchos años una dualidad en su comportamiento. Por un lado, el crecimiento macroeconómico mayormente positivo, y por otro, a nivel microeconómico los primeros no se perciben y el desarrollo socioeconómico no se vislumbra a corto ni mediano plazo, por el contrario se acentúa más al finalizar el 2019 con cifras altamente negativas pese a ostentar altos presupuestos públicos que no se ejecutan ni al 75% en general, y ni al 55% en inversión. Este efecto de política fiscal que debería ser expansiva no se refleja en los resultados de pobreza, pobreza extrema e indicadores de desarrollo humano, objetivo final de toda política pública.

En esa dirección, uno de los factores de alta incidencia en el desequilibrio regional, como veremos, es el gasto público, que en la última década ha sido ejecutado ineficaz e ineficientemente, careciendo del efecto “inteligente” en su ejecución. El año pasado, según el BCRP, el gasto de inversión disminuyó hasta noviembre en -41.6% para el Gobierno Regional de Áncash, y -7.9% para los gobiernos locales, con respecto al año anterior.

En mi libro “Distribución del Canon Minero y su incidencia en los Indicadores de Desarrollo Humano Región Ancash 2004-2014 ” concluyo, por ejemplo, que los coeficientes de correlación entre la distribución del canon minero y los indicadores de desarrollo humano son mayoritariamente negativos, que existen altos indicadores de disparidad en la distribución del presupuesto, una pronunciada brecha de la curva de Lorentz, un alto coeficiente de Gini y que los indicadores de desarrollo humano ubican a Áncash como una región con indicador mayoritariamente bajo, los mismos que se expresan en altos porcentajes de pobreza y aun de pobreza extrema. 

Al respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en su publicación “Mejor gasto para mejores vidas: cómo América Latina y el Caribe puede hacer más con menos” (2018), sostiene que América Latina y el Caribe tienen que gastar mejor cambiando de un gasto despilfarrador e ineficiente a un gasto eficiente que contribuya al crecimiento sin agudizar la desigualdad. Ajustar el gasto del gobierno puede ser un proceso doloroso; sin embargo, identificar las eficiencias en el gasto público puede contribuir a reducir la carga. Este proceso se conoce con el nombre de gasto “inteligente”. En lugar de recortar los gastos en todos los ámbitos –como se ha hecho muchas veces en el pasado–, es preferible dividir el presupuesto sector por sector, identificar las ineficiencias técnica y asignativa y cambiar el gasto, si se justifica. 

En su publicación, sostiene que hasta la fecha se ha hecho poco para analizar los factores determinantes de la composición del gasto público mediante la perspectiva de la clasificación económica, por lo que intenta zanjar esa brecha examinando las tendencias de gasto público corriente versus el gasto de capital y sus determinantes. 

En el mismo estudio, el BID encuentra que “la región sufre de dos problemas interrelacionados: el gasto público es ineficiente e inefectivo, tanto desde el punto de vista técnico como asignativo, y es ineficiente para promover la equidad. Este problema se ve agravado por un sistema deficiente de gestión de dicho gasto: las instituciones a través de las cuales se canalizan los recursos desde los contribuyentes hacia la priorización de programas en el presupuesto, y cómo se implementan, monitorean y evalúan. Las instituciones administrativas deficientes malgastan recursos, erosionan la confianza pública, limitan las oportunidades de crecimiento y las posibilidades para reducir la pobreza y la desigualdad”.

Considerando este marco general, en el próximo articulo analizaremos los detalles del gasto público en el último lustro, para proponer en concreto la diversificación productiva que cambie las estructuras económicas y sociales de la región.

* Yuri Vivar Miranda es economista, catedrático universitario, especialista en gestión pública.

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