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LA COLUMNA DEL DÍA | Emprendimientos en Latinoamérica que se reinventaron en pandemia

Las amenazas y oportunidades son dos caras de una misma moneda. A la primera hay que enfrentarla y la segunda hay que aprovecharla, señala el doctor Felipe Llenque Tume*

Las amenazas y oportunidades son dos caras de una misma moneda. A la primera hay que enfrentarla y la segunda hay que aprovecharla. Actualmente, hay muchos negocios que han cerrado y otros que se están reinventado. Ante el momento que estamos viviendo, es bueno hacer conocer lo mejor de los emprendimientos que se están dando en Latinoamérica. En tal sentido, hago extensivo la publicación de un artículo de la periodista Patricia Sulbarán Lovera del diario BBC News Mundo, publicado en mayo de este año, con el título: Economía y coronavirus: 4 emprendimientos de Latinoamérica que se reinventaron en medio de la pandemia y están prosperando

  1. Una discoteca (en línea). Una fiesta en la que hay 500 personas, un dj, bailarinas y un animador. Todo por Zoom. El colombiano Sebastián González lleva 10 años “creando experiencias” en el sector del entretenimiento en Bogotá y su empresa es socia de un grupo empresarial que tiene varias discotecas en la ciudad, describe a BBC Mundo. Consciente de que la reapertura de discotecas y bares no se vislumbra en el futuro cercano por causa de la pandemia, a González se le ocurrió crear fiestas por Zoom, la herramienta de videoconferencia que ha catapultado su popularidad en los últimos meses. En comparación con una fiesta presencial, el gasto es además mucho menor. “No inviertes más de US$300 en una gran noche. Mientras que abrir una disco para 800 personas tiene costos fijos de unos US$8.000”, explica.
  2. Frutas y verduras en alta demanda. Natalia Peris lleva tres años a cargo, junto a su socia, de una tienda de barrio llamada “La Trocha” en el centro de Bogotá que comercializa principalmente alimentos y envasados orgánicos de pequeños productores y artesanos locales. “No teníamos ningún sistema de domicilios organizados, así que tuvimos que movernos a encontrar un servicio de bicimensajería”, explica Peris. La acogida hacia su negocio empezó a incrementarse y llegaron más pedidos. “Nuestras ventas han subido tres veces lo que eran. Ha pasado de ser un negocio que se mantenía como podía poco a poco a vernos por primera vez con un volumen de ventas que, por suerte, conseguimos manejar”, describe. “Es bonito ver que mucha gente ha decidido irse por el lado de la comida orgánica y que ha visto esto como un buen momento para apoyar al campo”, añade.  
  3. Panes a través de una app. El argentino Antonio Bertasio solía lamentarse por aquella inversión que hizo hace unos cinco años en una app que no resultó tan exitosa para su negocio de fabricación de pan. Hoy en día, afirma que fue esa herramienta móvil, llamada Quiero Pannet, la que les está salvando el negocio. Bertasio tuvo que pasar de proveer en Buenos Aires a restaurantes, comedores, supermercados e instituciones públicas, a consumidores particulares. Con la experiencia de la dura crisis económica de 2001 en Argentina, Bertasio ya se había reinventado en ese entonces y conocía la incertidumbre. “Ahora ya armamos un equipo, una campaña de comunicación, hay personas especializadas en e-commerce directamente enfocadas en que podamos expandirnos y seguir creciendo sobre esa base digital”, dice.
  4. Mascarillas de cobre. Cuando la chilena Luz Briceño dejó el diseño de modas en años recientes, empezó a investigar cómo podía producir textiles que tuviesen propiedades antibacterianas al estar elaborados con cobre. 

Se asoció con una ingeniera comercial, Soledad Silva, y con Rocío Cassis, quien supervisa la producción y tiene experiencia con textiles. Crearon una empresa llamada The Copper Company. Antes de la llegada del nuevo coronavirus, Briceño cuenta que estaban enfocándose en crear textiles antibacterianos para usar en quirófanos. Pero con la pandemia, voltearon la atención hacia lo más urgente y empezaron a fabricar mascarillas con telas elaboradas con nanopartículas de cobre, una iniciativa que también otras empresas chilenas que trabajan con cobre han emprendido en el país que más produce este mineral en el mundo. 

“El cobre tiene el beneficio de que es antimicrobiano y hay muchos estudios dando vueltas que indican que un microorganismo o virus respiratorio muere a las cuatro horas sobre una superficie de cobre”. Briceño dice que en menos de un mes han vendido 60.000 mascarillas y generan empleo a más 70 personas. “Cuando íbamos a ferias médicas antes, la gente se entusiasmaba con nuestra idea, pero siempre decían que era más cara de lo que pagaban por otros materiales”, dice. Comercializar las mascarillas para el “mundo civil” se ha combinado con la difícil tarea de obtener las certificaciones para avalar su uso entre personal médico. Briceño cuenta que trabajan con virólogos y epidemiólogos para probar la mascarilla con la cepa del nuevo coronavirus. 

Como se puede apreciar, en estos tiempos, los negocios necesitan mucha creatividad e innovación para no verse relegados. 

* Felipe Llenque Tume es doctor en Administración, past decano del Colegio Regional de Licenciados en Administración (Corlad Chimbote), director de la Escuela de Administración en la Uladech Católica, consultor en capacitación y asesoría empresarial a sectores económicos de producción y servicios, y miembro del Directorio de Sedachimbote.

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