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LA COLUMNA DEL DÍA | El populismo

Estamos a semanas de elegir a un nuevo gobierno, es prudente elegir opciones de sólidas convicciones democráticas, que sean lejanas de ideas y experimentos populistas, pues el costo social y económico es muy alto, señala el abogado Pablo Rioja Cueva

En el Perú y el mundo, la democracia es el sistema político más arraigado, sin embargo; históricamente siempre es acechada por distintos peligros, el más común durante el siglo pasado fue un riesgo exógeno llamado golpe de Estado, habitualmente encabezado por militares que en medio de alguna crisis política o económica y en nombre de los intereses de la Nación, destituían al presidente de turno y se instalaban en el gobierno hasta que otra crisis igual o mayor a la que los encaramó, los saque del poder y los retorne a los cuarteles.

En la actualidad, los golpes de Estado parecen ser una cosa del pasado, no obstante; los riesgos que enfrenta la democracia no han cesado, sino que han cambiado de origen, pasando de exógenos a endógenos al propio sistema político, convirtiéndose el populismo en el peligro más común desde el inicio del nuevo milenio.

Los populistas no tienen un perfil político definido, pueden ser de izquierda o de derecha, civiles o militares, pueden ser personajes tan disímiles como Donald Trump y Hugo Chávez, empero, lo que tienen en común, es que su discurso suele ser demagógico y orientado a “modificar las estructuras del poder” en favor del verdadero pueblo, con la única finalidad de precisamente permanecer en el poder.

El discurso populista suena muy bien a los intereses del pueblo, pues casi siempre está referido a causas de aparente justicia, solo que dicha justicia es para un sector determinado en desmedro de otro, y si es para todos, lo será por un breve tiempo, el necesario para fortalecer políticamente al gobernante populista, luego cuando el modelo empiece a fallar, será culpa de aquellos que se oponen a los cambios “justicieros”.

El populismo busca hacer pensar y sentir al pueblo que es una víctima de las élites corruptas, y señala como tales a los llamados políticos tradicionales, a los grupos empresariales, a los funcionarios públicos, a los medios de comunicación, a los sindicatos, etc. El señalamiento a veces con razón y muchas otras sin ella, dependerá del objetivo personal del líder populista, pero siempre existirán los adversarios a quiénes culpar, sin la aparente lucha contra las élites corruptas, todo carecería de sentido. Por ello, siempre existirá alguien a quién enfrentar en nombre de la defensa de los intereses del pueblo, alguien con quien el líder populista se enfrenta en el discurso público, pero se entiende muy bien en privado, si es necesario para sus intereses.

El gobernante populista no considera importante la constitucionalidad o legalidad para ejecutar sus decisiones, lo que importa es que esté alineada con el “clamor” popular y que el pueblo considere correcta la decisión, aun cuando a mediano y largo plazo, dicha decisión sea contraproducente y lo único que haya permitido es que el gobernante ejecute sus políticas sin contrapesos debido al aluvional apoyo popular que recibía.

El gobernante populista, necesita estar en campaña permanente, generando la idea que no puede empezar a ejecutar todos los cambios necesarios porque las élites corruptas no se lo permiten, no lo dejan gobernar, y para ello repetirá hasta el hartazgo que el “bloqueo” que sufre y titánicamente enfrenta, se debe a que es un verdadero hombre del pueblo, para que la masa popular se identifique con él y con sus decisiones.

En la fase final, convencerá al pueblo de la necesidad de ejecutar cambios al sistema político de democracia representativa porque el actual sistema #norepresentaalpueblo, y para ello convocará a todos los procesos electorales que sean necesarios, generando la idea una democracia robusta y dinámica, con ello golpeará la esencia de la democracia, hasta que el pueblo o la economía lo permita.

Finalmente, como todo proceso histórico, en algún momento el gobernante populista caerá y con él todo su entramado, correspondiendo al pueblo asumir las consecuencias políticas, sociales y económicas de su candorosa permisividad.

En Sudamérica, Argentina no ha podido superar al populismo peronista y pasó de ser uno de los países más ricos del mundo a mediados del siglo pasado a uno que trata de salir de sus cíclicas crisis económicas por sucesivos gobiernos populistas y Venezuela parece condenada a seguir sufriendo debido al populismo socialista imperante.

El Perú ha tenido gobernantes proclives a caer en mayor o menor medida en la tentación populista, el caso más nítido fue el populismo “revolucionario” y de sesgo “reivindicador” encabezado por el dictador Juan Velasco, que ciertamente modificó las estructuras sociales y políticas del país, dejando una crisis económica inmanejable al término de su experimento populista.

Estamos a semanas de elegir a un nuevo gobierno, es prudente elegir opciones de sólidas convicciones democráticas, que sean lejanas de ideas y experimentos populistas, pues el costo social y económico es muy alto, más aún en una democracia débil como la nuestra.

* Pablo Rioja Cueva es abogado especialista en derecho constitucional y administrativo, árbitro en contrataciones con el Estado y laboral. Tiene amplia experiencia en gestión pública y docencia universitaria. Fue regidor en la Municipalidad Provincial del Santa.

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