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LA COLUMNA DEL DÍA | El poema más grande que los pobres escribimos

El Perú es el poema más grande que escriben los pobres y desclasados de este tiempo, una metáfora dolorosa de sacrificios y voluntades compartidas que nadie escucha, que es la única capaz de sobreponerse a la adversidad y a la desesperanza, reflexiona el escritor Augusto Rubio Acosta

Nadie sabe en Chimbote o en las provincias del país si cuando acabe esta pesadilla habremos conservado el trabajo [por más formal o independiente que sea]. Nadie sabe si estaremos sanos o contagiados, si estaremos vivos, si nos habremos desmayado en la puerta del Hospital Regional o nos habrán conectado a uno de sus inexistentes respiradores artificiales; nadie sabe o podría saber si nos habrán incinerado, enterrado en una fosa apenas levantada la fracasada cuarentena o si fuimos devueltos en una urna al seno familiar.

Nadie sabe ni da razón de nada en este tiempo en que el pánico se ha apoderado de casi todos, en que a pesar de la "revolución" de las comunicaciones y del avance de la física cuántica y la tecnología médica, nada se sabe de la revolución humana. En el tiempo y la vida inestable que hoy experimentamos no es posible ver un alentador horizonte común, ha desaparecido la preocupación por el bienestar de las personas y pocos tienen la certeza de poder llevar un pan a sus mesas cada día; lo único que existe y ha crecido exponencialmente es la angustia, la sospecha de que el otro [al que discriminas] pueda contagiarte, la incertidumbre ante el abandono y la desidia del Estado en todas sus instancias, el abismo.

La vida familiar, como núcleo protector, como espacio colaborativo de los seres humanos que la integran y que en este tiempo se torna imprescindible, no le importa ni le ha importado nunca al gobierno ni a las empresas, viejos aliados que hacen y deshacen del tesoro público del país como mejor les parece. Por eso es ridículo [absurdo] que el presidente repita a diario, en su perorata televisada del mediodía, que "la prioridad de su gobierno es la educación, la salud y el bienestar social", que "ahora sí" hay que integrar y universalizar los sistemas de salud, ejecutar reingenierías en la educación pública, en la vida laboral y en los fondos de pensiones, en la existencia de la enorme mayoría de peruanos marginados y destruidos por un sistema económico que hace agua por todas partes [que no funciona], que esta pandemia ha terminado de desnudar, pero que el gabinete y sus secuaces de las altas esferas empresariales y de poder se empeñan en mantener al costo económico y de vidas que sea.

Nadie sabe, entonces, hasta dónde llegarán las desigualdades y la injusticia, descubiertas al extremo en la desatención a los pobres en medio de una pandemia espantosa desatada en las narices del libre comercio y de las grandes empresas, de la colonización de mentalidades, la producción mercantil y el mundo de las facturas y los commodities. Vivimos en un país que hasta le niega a sus hijos el retorno al hogar, al seno familiar en las comunidades altoandinas y selváticas, tras décadas de fracasos de políticas económicas y sociales. Así se autodestruye el Perú de este tiempo, ni la pandemia evita que se exacerbe el hambre de acumulación de riqueza no sólo de transnacionales inescrupulosas que lucran con la desgracia ajena, sino también del afán de lucro de muchos seres humanos. 

El Perú es el poema más grande que escriben los pobres y desclasados de este tiempo, una metáfora dolorosa de sacrificios y voluntades compartidas que nadie escucha, que es la única capaz de sobreponerse a la adversidad y a la desesperanza, y que todos necesitamos. Nadie o pocos saben, pero hay quienes sentimos.

*Augusto Rubio Acosta es poeta, narrador, periodista y gestor cultural.

Foto: Infobae

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