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LA COLUMNA DEL DÍA | El mundo luego del COVID-19 (2/2)

Estamos a puertas de una nueva etapa. Los cambios exigen adaptaciones y nuevas tareas. Estemos listos y listas, considera el ingeniero Diego Mendoza Franco

La vida en época de pandemia es una vida cíclica. La llevamos de un lado a otro con cuidado, con sus horarios y límites, aunque esta sea una práctica ya conocida por la humanidad. Cada cierto tiempo la contraemos, específicamente por el vínculo entre nuestras actividades socio-económicas y el contacto con animales. Como lo ha recordado Naciones Unidas, la zoonosis (enfermedad infecciosa que se transmite de animales a personas) es una de las principales razones de una pandemia. De ahí a que, en los últimos 20 años, el equivalente a todo nuestro tiempo en el presente milenio, haya surgido el SARS, la Gripe Aviar, la Gripe Porcina y lo mismo con el COVID-19.

¿La vida también cambiará más allá de los muros? Sí. En principio por los notables efectos de este en un mundo altamente globalizado. Esa misma razón nos lleva hoy a cuestionar el progreso del efecto globalizador y pone en discusión si acaso nos encontramos en tiempos de desglobalización. 

La historia de la globalización no comienza hace 20 años sino hace mucho tiempo atrás donde el grado de interdependencia, la liberalización y la comunicación brindaron transformaciones de dimensión política, económica y social. Esta forma de organización hoy enfrenta los retos de la retracción del comercio mundial y de la inversión bancaria internacional, afectando, entre tantas cosas, a las finanzas, la inmigración, y la estabilidad global de las instituciones. Hoy resulta evidente la afectación a la liberalización del comercio mundial, específicamente por las restricciones fronterizas y porque el motor de consumo se ha frenado drásticamente.

Por otro lado, aunque existan cuestionamientos ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no responder anticipadamente ante el brote de la pandemia, lo cierto es que, en el ajedrez del orden mundial, China ha sido uno de los protagonistas. Independientemente de los justos y razonables cuestionamientos sobre la veracidad de las cifras de infectados y fallecidos, el país asiático ha hecho un despliegue sin precedentes para contribuir a la mitigación de la enfermedad. Inclusive ha participado en casi todos los horizontes, ya sea incrementando la producción de pruebas rápidas, equipos sanitarios o implementos médicos, o haciendo transferencias económicas, logísticas y hasta humanitarias a distintos países del hemisferio sur y norte. Esta actitud lo ha posicionado con mayor fortaleza frente a un Estados Unidos que, a duras penas puede ver cómo la falta de preparación y la omisión a las recomendaciones terminan agudizando mucho más su situación.

Con respecto a nuestra región hemos presenciado una mayor participación en los distintos frentes, no solo en salud, también en educación, alimentación, seguridad y el mercado laboral. Algunos países con un mayor gasto social enfocado en las personas y otros evitando la ruptura de la cadena de pago. El caso peruano encendió las luces de los medios internacionales por la propuesta de su plan económico, aunque este se ha visto afectado por el descrédito ciudadano, pues, se necesitan más bonos, su participación en el sector salud ha sido mínima y, por el contrario, ha sido desembolsado en mayor medida en la lógica de las microfinanzas y no en la distribución homogénea en la ciudadanía.

¿Cómo se explica dicho comportamiento en la región? La clave fue que luego de varias crisis y de la posterior desintegración de la URSS, Latinoamérica optó preferentemente por una política económica contracíclica. Este tipo de política es la más recomendable porque entiende que en épocas de crisis económica debe usarse el dinero ahorrado en el gasto público y debe reducirse los impuestos y las tasas de interés con el objetivo de controlar la recesión. Pero también porque en momentos de abundancia económica debe reducirse el gasto y promoverse el ahorro, pero agregando también el aumento de los impuestos y tasas de interés con el objetivo de hacer sostenible el crecimiento. Esta dinámica ha hecho que muchos países puedan manejar en mayor o menor medida los efectos de la situación que vivimos.

Estamos a puertas de una nueva etapa. Los cambios exigen adaptaciones y nuevas tareas. Estemos listos y listas.

* Diego Mendoza Franco es ingeniero industrial, egresado del Programa de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública de la PUCP y el CAF, coordinador del Círculo de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos Aleph, promotor de los ODS por el Senado de Buenos Aires, Parlamentario Joven Nacional y activista social.

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