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LA COLUMNA DEL DÍA | El evangelio de Alan, según la prensa

Lo que hemos visto, y seguimos viendo, es un sorprendente juego verbal y visual para referirse con mucha benevolencia a uno de los actores centrales en el más grande escándalo de corrupción en América Latina, señala hoy el periodista Manuel Chiroque

La prensa limeña no es precisamente un modelo de equilibrio y mesura, pero hay ocasiones en las que su carga emocional es más cercana a la ficción novelesca que al periodismo. 

La última semana, la cobertura en torno a la muerte del expresidente García se llenó de  anécdotas intrascendentes, narradas con voz compungida y musicalizadas con las melodías más lastimeras que los editores tuvieron a la mano. ¿Cuál es el fin o la utilidad de dramatizar aún más un hecho ya de por sí trágico? ¿Qué aporta al interés colectivo saber si en vida acudió a la casa de sus amigos, si cargó el anda del Señor de los Milagros o cuál era su canción favorita?

Para el caso de la televisión en particular, cualquier director lo justificaría diciendo que la noticia es más noticia si se cuenta como una historia con un alto grado de conflictividad e impacto emocional. Y es cierto. Sin embargo, un periodista no debe perder de vista el contexto, la banalización de la noticia equivale a colocar debajo de la alfombra lo que realmente importa. 

Lo que hemos visto, y seguimos viendo, es un sorprendente juego verbal y visual para referirse con mucha benevolencia a uno de los actores centrales en el más grande escándalo de corrupción en América Latina.  Alan García es presentado como hubiera querido: un hombre bueno, excelente padre de seis hijos, inigualable orador, político sagaz e inteligente, el líder que se reivindicó de sus errores en el pasado.  Posiblemente sea cierto, pero esa no es toda la historia; como señala un viejo anuncio de La Folha de Sao Paulo “es posible contar un montón de mentiras diciendo solo la verdad”.  

Lo dicho ayer por Jorge Barata deja claro que el fallecido líder aprista y sus allegados están lejos de haber hecho méritos para la canonización que los medios de comunicación promueven en cada noticia alrededor de la sacra figura del doctor García. Conscientes de ello o no, los periodistas participan en la construcción de uno de los mayores mitos contemporáneos en el Perú: el de un presidente que gobernó en medio de las coimas sin saber absolutamente nada de ellas. 

El dolor de la familia debe respetarse, pero hay una gran distancia entre el respeto y la genuflexión ante la memoria de un expresidente que decidió quitarse la vida antes que responder ante la justicia.  En un caso como este, a los medios de comunicación les corresponde esclarecer para el público el contexto, las motivaciones y, en especial, las responsabilidades en los aportes que Odebretch entregó a políticos y partidos con posibilidades de sentarse en el sillón de Pizarro, una tarea que debe cumplirse sin dramas altisonantes ni sentimentalismos.  

* Manuel Chiroque Farfán es docente de Audiovisuales y Periodismo en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Santa (UNS), actividad que comparte con la producción audiovisual y consultorías en comunicación corporativa. Integra la Red Iberoamericana de Investigación en Narrativas Audiovisuales. 

Foto: Trome

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