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LA COLUMNA DEL DÍA | ¿El amor tiene que doler?

El discurso del sufrimiento de las mujeres a causa del amor está presente día a día en nuestra vida, pero… ¿verdaderamente estamos “predestinadas a sufrir” y, más aún, a “sufrir por amor”?, cuestiona hoy Rocío Huamancondor

Cuando somos niñas y en la escuela hay un niño que nos jala el cabello, nos pega chicle en el pelo o en la ropa, o nos molesta, hay personas adultas que nos dicen: “Seguro te trata así porque le gustas, porque está enamorado de ti”. Y así vamos creciendo, creyendo que los niños, los adolescentes y los hombres suelen tratarnos mal como muestra de su amor. Aprendemos que si de verdad amamos tenemos que sufrir. 

Ya lo decía el gran escritor inglés Oscar Wilde: “El corazón fue hecho para romperse”; o el célebre pintor Vincent Van Gogh, que afirmaba: “Sufrir sin quejarse es la única lección que debemos aprender en esta vida”. Pero no  creamos que esas afirmaciones son de otra época: el guionista y director de cine Woody Allen afirma que “amar es sufrir”, y mi vecina en algunas mañanas me dice: “Él me ama, solo que no sabe cómo demostrarlo”.

Pero la idea de que amar es sufrir no está presente solo en las relaciones de pareja, sino también en otros relacionamientos, como cuando se piensa que “las madres tienen que sufrir los errores de los hijos e hijas”, o que nosotras las mujeres “hemos venido al mundo a sufrir”.

Este discurso del sufrimiento está presente día a día en nuestra vida y está a flor de piel. Así, por ejemplo, nosotras las mujeres nos sentimos culpables cuando disfrutamos de una tarde con nuestras amigas y hemos dejado a nuestros hijos o hijas en casa, o cuando salimos a celebrar el cumpleaños de un compañero de trabajo y vamos a llegar tarde a casa, e incluso cuando estamos frente a un postre que compartiremos con nuestra pareja y agarramos el pedazo más grande… Nos sentimos culpables: culpables por estar felices, culpables por disfrutar.

No estoy afirmando que el sufrimiento no exista; no estoy desconociendo que haya problemas, dificultades o preocupaciones en la vida de nosotras las mujeres; lo que les invito a cuestionar es que si verdaderamente estamos “predestinadas a sufrir” y, más aún, a “sufrir por amor”.

La idea de amor que tenemos ha sido construida de varias maneras: por los cuentos infantiles, donde “una malvada mujer” le quiere quitar el príncipe azul a la princesa; por las telenovelas, donde la muchacha pobre tiene que sufrir los más de 100 capítulos para que en el último se case con el galán millonario; por las canciones que afirman que “hay amores que matan” o que el “amor duele”; por modelos de mujeres sacrificadas, que han guiado los comportamientos de nuestras abuelas, tías, madres y hermanas. Sí, hemos crecido con esta idea de amor, un amor romántico y romantizado capaz de soportar todo, de ir contra todo, incluso contra nosotras mismas. 

No tengo la capacidad de decirles qué es el amor o cómo vivir el amor o cómo relacionarnos con nuestra pareja. No creo que haya una única manera de amar; solo les puedo compartir un grafiti que está a dos cuadras de mi trabajo y dice: “Que el amor valga la alegría”… Ojo, no dice: “Que el amor valga la pena”. 

Creo firmemente que el amor no tiene que doler. ¿Qué piensan ustedes?

* Rocío Huamancondor Paz, abogada, con maestría en investigación y análisis de políticas públicas, coordinadora de redes de la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular – ALER

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