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LA COLUMNA DEL DÍA | 4 + 13

La cuarentena es una medida de aislamiento que debemos cumplir, y es responsabilidad de todos y todas entenderla. Quedémonos en casa, señala el ingeniero Diego Mendoza

Todavía restan, por el momento, 17 días hasta finalizar el estado de emergencia, esto a propósito de la última extensión comunicada el día de ayer por el presidente Martín Vizcarra. Aunque fue un único mensaje, este puede interpretarse de distintas formas en la sociedad civil.

En primer lugar, el gobierno busca administrar mejor los recursos del aparato estatal con el objeto de no descalibrar la dimensión de su eficiencia. En segundo lugar, el gobierno espera no llegar hasta una fase cuatro del desarrollo de la pandemia. Ya se ha importado casos, hubo métodos de contención y actualmente nos encontramos en un contagio comunitario, sin embargo, evitamos que su transmisión sea sostenida. En tercer lugar, las medidas adoptadas por el gobierno parecen comunicar un espíritu pensante y sensible ante un escenario de inminente tragedia, hecho que es proporcional al crédito que ha alcanzado Vizcarra con un 87% en su aprobación. Aunque hubiere muchas conclusiones más, nace en la población y con una legitimidad bien ganada, incertidumbre; no solo a nivel de salud, también pues, en su aspecto económico, social y cultural.

La razón de incertidumbre es la que suele galopar rápidamente en contextos como el de ahora. Es un problema contemporáneo siniestro y penoso y alimenta la especulación sobre todo aquello que está destinado al rotundo fracaso. Malas decisiones pueden acrecentarla. El sociólogo Zygmunt Bauman se había referido a ello tiempo atrás con la inclusión de un vocablo de origen alemán que condensa bien los fines prácticos de su aplicación. La palabra “Unsicherheit” (UNSIJAJAIT) fusiona otras palabras como “incertidumbre”, “inseguridad” y “desprotección”. Decía además que “las personas que se sienten inseguras, personas preocupadas por lo que pueda deparar el futuro y que temen por su seguridad, no son verdaderamente libres para enfrentar los riesgos que exige una acción colectiva”.

Se entenderá por acción colectiva al llamado general a la sociedad civil a permanecer en casa y obedecer las pautas que el gobierno ha estipulado para no acrecentar la curvatura de personas infectadas, y, peor aún, de fallecidas. Para lograr una mayor tasa de efectividad en el cumplimiento de las disposiciones programadas por el ejecutivo, necesitaremos poner de nuestra parte. El gobierno tiene sus fisuras y esto no borrará lo mal que se venía trabajando en la reducción de brechas, incumplimiento de gasto público o los problemas estructurales; pero también es cierto que es una de las instituciones que mejor ha reaccionado ante el brote y propagación del COVID-19. Una muestra de ello es la comparativa con gobiernos que, independientemente de las razones de tiempo y lugar, y desobedeciendo lo que dictó el consenso de la comunidad internacional y el sentido común, hoy tienen saldos negativos irreversibles en el impacto de esta pandemia.

Sin lugar a dudas lo de Trump y Bolsonaro es alarmante porque, desconociendo la gravedad del asunto, han permitido que los efectos sean mayores. Estados Unidos se ha convertido en el país con más casos detectados a nivel mundial, concretamente, 81 996 casos y solo ayer se registraron 13 785 nuevos ingresantes. Los ejemplos de Italia y ambos en cuestión deben ser un llamado para que el gobierno de López Obrador pueda revertir la exigua y pobre tarea que hasta el momento ha realizado.

El Perú, con sus inconsistencias y errores, viene demostrando un manejo adecuado. No caigamos en posverdades como las siguientes: “Si la economía cae es por culpa de la cuarentena. Esta no sirvió de nada” o “si muere mucha gente, entonces la cuarentena no sirvió de nada y fue por las puras”. 

La cuarentena es una medida de aislamiento que debemos cumplir, y es responsabilidad de todos y todas entenderla. Pero sobre todo es imperativo saber que esta afecta de distinta forma a quienes tienen menos, como siempre ha sucedido y como siempre sucederá. Contribuyamos en la contención y reducción de sus efectos. Quedémonos en casa.

* Diego Mendoza Franco es ingeniero industrial, egresado del Programa de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública de la PUCP y el CAF, coordinador del Círculo de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos Aleph, promotor de los ODS por el Senado de Buenos Aires, Parlamentario Joven Nacional y activista social. 

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