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EDITORIAL SODOMCO. La religiosidad popular


Por fray Carlos Sánchez*

Estamos en la semana del Señor de los Milagros. Este próximo 28 es su fiesta. Este evento litúrgico nos lleva a pensar en la "religiosidad popular". Detrás de esta expresión tenemos el esmero de buscar acercase más a Dios por parte del pueblo fiel y sencillo, que no posee formación y cultura católica.

En la historia de la espiritualidad cristiana se constata que grandes movimientos de renovación han ido unidos a la promoción de la piedad del pueblo. Los benedictinos, por ejemplo, fomentaron la devoción a los santos, a los nombres de Jesús y de María, o las misas por los difuntos. Los franciscanos divulgaron la devoción a la pasión de Jesús, al "Vía Crucis" o al Belén.

De una u otra forma se ha intentado canalizar las diversas expresiones de religiosidad popular para que guarde su significado dentro de lo que nos enseña fundamentalmente la Palabra de Dios, de la que en muchas ocasiones se aleja, y por consiguiente esta sería la mejor manera en que el cristianismo católico se encarne en las diversas culturas y estados étnicos, y se viva y manifieste en el pueblo.

Por otro lado, la gran tentación de la religiosidad popular son las creencias que están muy estrechas a la superstición. Además, las hermandades formadas en este ámbito, y alrededor de alguna devoción en particular, lleva a ciertas formas de sincretismo que desvirtúan la fe.

Es un hecho que el pueblo fiel necesita expresar su fe, de forma intuitiva y simbólica, imaginativa y mística, festiva y comunitaria. Sin olvidar la necesidad de la penitencia y de la conversión. Para ello, los distintos pastores, y en especial los párrocos, deben estar prestos a pastorear con el debido tino y principalmente con muchísima paciencia, y en especial con bastante creatividad.

Justamente, aquí, en el Convento de Santo Domingo de Lima, junto con la hermandad de San Martín de Porres, que agrupa a por lo menos 700 hermanos, salimos a hacer misión a distintos lugares llevando la imagen tutelar para visitar auspicios, orfanatos, asilos, hospitales y a diversas instituciones para alentar el fervor religioso con la celebración Eucarística y la devoción a San Martín. De esta forma ayudamos los frailes a la formación misionera y alentamos las obras de misericordia con las que todo católico debe cumplir.

Dios está lejos y a la vez está cerca. Algo de esto se percibe en la religiosidad popular. La Iglesia debe velar para purificar, fortalecer y elevar todas estas manifestaciones de fe (cf "Lumen gentium", 13), atendiendo a la capacidad que este tipo de vivencia posee para mantener abierto el puente, o el paso, a la trascendencia.

No es bueno que decaiga la vida devocional. Máxime si las devociones no son sustituidas por nada.

Pablo VI decía que la religiosidad popular "puede producir mucho bien". Y la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos publicó, en su día, un "Directorio sobre la piedad popular y la liturgia" (2002) cuya consulta debemos tomarla en cuenta y que la pueden encontrar en la web de la Santa Sede.

P. Carlos Sánchez, O.P.

Director de la revista "La Rosa del Perú”

Escuche la versión radial: {audio}editorialsodomco26octubre.mp3{/audio}

Foto: La Prensa