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Radio RSD Chimbote

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No hay democracia sin mentes democráticas


Rocío Huamancondor Paz

“Tú no tienes nada que hacer acá… ¡te vas!”, le dijo César Álvarez al gerente de Desarrollo Social de la Municipalidad Distrital de Nuevo Chimbote, Hugo Marquezado Coronado, antes de que su ‘fuerza de choque’ entrara en acción y lo echara a empellones y a golpes de una reunión convocada por dirigentes vecinales en el distrito sureño.

Este hecho ocurrido la semana pasada es una de las perlas del larguísimo collar de nuestro presidente regional. Si bien este acontecimiento es altamente cuestionable por el atentado a la integridad física y psicológica que implica, es más cuestionable aún porque evidencia una mentalidad autoritaria e intolerante de quien conduce los destinos de Áncash.

La mentalidad autoritaria es una de las trabas más serias que tienen nuestras democracias, puesto que no permite a gobernantes y gobernados compartir espacios de poder público y de toma de decisiones, ya que el gobernante trata de imponer sus ideas y no acepta oposición ni cuestionamiento. La democracia supone la existencia de sujetos con mentalidad democrática que hagan practicable tal forma de gobierno, pues no hay democracia sin mentes democráticas.

No puede existir democracia en determinada institución si esta no es compatible con la mentalidad de los sujetos a cargo, puesto que estos pasan a ser el principal factor de obstrucción si no comparten los principios democráticos. Por ello es necesario evaluar nuestra reacción como ciudadanos y ciudadanas frente a hechos como el sucedido; la total indiferencia o la justificación de conductas autoritarias nos va a servir de termómetro para medir cuán democrática es nuestra mentalidad.

Se dice que la democracia es el mejor sistema de gobierno si se une a los postulados del Estado de Derecho, sin embargo no se ha interiorizado esa conclusión al punto de actuar en nuestra vida cotidiana democráticamente.

En la familia y la escuela se mantienen patrones preponderantemente autoritarios. El respeto al otro, la tolerancia, el diálogo, las decisiones compartidas, el consenso y la solidaridad son valores de la democracia que las personas que están a cargo de funciones públicas deben practicar, sin embargo no los encontramos con facilidad en el maestro o en el padre represor que hacen valer su autoridad por la vía de la imposición y no del diálogo y del razonamiento.

La transmisión de los valores democráticos debe iniciar en la familia y en la escuela, e implica el paso hacia una mentalidad democrática. Es preciso entender que la época del caudillismo y militarismo ya terminó, no podemos seguir indiferentes ante tantas muestras de autoritarismo.

Solo la tolerancia, el consenso y la solidaridad pueden garantizarnos la participación inclusiva de los ciudadanos y ciudadanas para forjar el bien común. Para que Áncash sea democrática, la mentalidad de quienes la dirigen también tiene que serlo.