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Habemus Papam


Los medios nos dan la buena nueva: Jorge Mario Bergoglio, en adelante Francisco I, es el nuevo Papa, comenta hoy José Cedeño.

Tomaba mis sagrados alimentos, esperando que, tras el humo blanco, se conozca la identidad del nuevo Papa. Las esperanzas de que MI Iglesia, la católica, tenga una cabeza nueva que recupere la solvencia que nunca debe perder, alguien que sea capaz de hacer frente a la supuesta crisis que existiría en su seno y termine con las múltiples especulaciones que se tejen a partir de la renuncia de Benedicto XVI, estaban latentes y mi actitud expectante. De pronto, los medios nos dan la buena nueva: Jorge Mario Bergoglio, en adelante Francisco I, es el nuevo Papa.

Argentino, 76 años, jesuita, es el primer americano en asumir tan sublime encargo divino; pero también es el primer jesuita en hacerlo. Se le conoce una postura “moderada” al interior de la Iglesia, marcando una clara distancia de la “Teología de la Liberación”. Señalado por su pasividad frente a la dictadura militar argentina (la cual tiene a casi todos sus mandatarios en merecida prisión), actualmente tiene una sutil distancia con la señora Kirchner por el tema del matrimonio homosexual sancionado por el gobierno de la Fernández, frente a cuya situación señaló: “No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios".

El suscrito se quedó ‘congelado’ gratamente cuando escuchó estas frases del nuevo Francisco I: “Hermanos, oren conmigo para que Dios bendiga esta decisión”; esto debemos tomarlo como una postura de humildad –el nombre escogido, evidentemente, no es casual-, expectativa y esperanza frente a las necesidades de nuestra Iglesia. Ésta, que debatía en tres posibles modelos a escoger para la elección del nuevo papa: un gestor con temple de hierro, muy conocedor de los laberintos de la curia y sus luchas internas de poder; un papa pastor, que continúe la labor inconclusa de Juan Pablo II y deje a la curia ejercer su poder castrador de la modernidad; o bien un papa profeta, capaz de inaugurar una nueva era en el papado.

A propósito de esto, se leía en La República del 13 de marzo que “Solo una apertura a la profecía capaz de reencontrar la Iglesia de los orígenes, aún no contaminada por el poder mundano, podría salvarla del naufragio. (La nueva elección) significaría despojar al papa de su privilegio de ser también jefe de Estado, un regalo envenenado concedido por Mussolini a Pío XI a cambio de su apoyo al fascismo. El papa volvería a ser solo líder espiritual y no se vería obligado a estrechar la mano o a impartir la comunión a los dictadores de turno; (…) Dejaría de ser Pontifex Maximus, que era el título de los emperadores romanos.” Sin embargo en esta nota, modernidad significa apoyo al aborto, permisibilidad al matrimonio homosexual entre otros absurdos que hoy, se hacen llamar “modernidad”.

Cuando alguien se opone a esos dos absurdos, en esta época, es tildado de medieval, de retrógrado. En ese mismo artículo se llama a dar una “vuelta al pasado, a sus esencias anteriores” previas al compromiso asumido con el emperador Constantino. Pero estamos de acuerdo con esa parte, el de retornar a una ortodoxia, a los orígenes de nuestra Iglesia y ello significa para los verdaderos cristianos, y a diferencia de quienes distorsionan esa ortodoxia, el NO violentamiento del orden establecido por los principios de nuestra Fe. La vida sólo la crea Dios y sólo la interrumpe Él, quien, además, sólo creó hombre y mujer, a pesar de que la homosexualidad abierta o encubierta lance el grito al cielo.

Dios bendiga a Su Iglesia.

José Cedeño León

Catedrático de la Universidad Nacional del Santa

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