LA COLUMNA DEL DÍA | El bien común
Creado el Jueves, 14 de Marzo del 2019 10:52:51 am | Modificado el 06/10/2021 01:33:48 pm

En Chimbote la informalidad y el poco interés por el bienestar común no son la excepción, sino la regla que una gran mayoría acepta, justifica, y hasta promueve activamente.
Que una ciudad crezca en orden, con calles limpias, un transporte ordenado, viviendas dignas y servicios adecuados implica hasta cierto punto un compromiso y una capacidad de desprendimiento que no estamos demostrando. Al contrario, se piensa más en qué provecho particular obtenemos por una promesa de voto, cómo le sacamos la vuelta a las leyes y al escaso control de las instituciones, o cómo nos aliamos con funcionarios o autoridades dispuestas al soborno.
Solo así se explica la actitud de un pequeño grupo de comerciantes de carne y productos húmedos, que se resiste a cambiar de giro para hacer viable la construcción de un moderno hospital en El Progreso. Les han ofrecido puestos en otros mercados y un sinnúmero de facilidades, pero su respuesta es la misma, que durante la campaña electoral el actual alcalde les hizo la promesa de dejarlos allí.
La negativa puede hacer que la ciudad pierda los 48 millones que el Ministerio de Salud ha destinado para este hospital, y lo peor, que se pierda la oportunidad de atender a más de 90 mil pobladores de una ciudad que tiene un gran déficit de cobertura de salud. Su beneficio propio está por encima del bienestar común.
De esto se habla hace más de tres años, así que no es cierto que el cambio sea repentino. Su argumento de un mayor plazo es el mismo que mantuvo por casi veinte años las calles de El Progreso invadidas por el más sucio y maloliente mercado informal que ha tenido la ciudad.
Pero si la mezquindad de los comerciantes preocupa, lo que sucede en Chinecas es para llorar. El propio gerente del proyecto ha salido a respaldar la titulación de los invasores que se han adueñado de sus tierras. El señor Edilberto Ñique avala y premia el robo de un bien del Estado, a manos de gente que se ampara en una supuesta necesidad de vivienda o de trabajo para traficar con tierras destinadas a generar empleo a través de la agroindustria. ¿Cómo se puede avanzar si la cultura de la informalidad se alienta desde el Estado?
El germen del desorden se ha enquistado en todas las esferas de nuestra sociedad, en el empresario que invierte más en coimas para botar sus desechos por el desagüe doméstico que en cumplir las normas técnicas, en el funcionario de Sedachimbote que dilata los procesos para contar con una planta de tratamiento de las aguas residuales que contaminan nuestra bahía, en el ambulante que se adueña de las calles y las convierte en letrinas y basureros, en el transportista acostumbrado al soborno para mantener un anti técnico sistema de rutas, o en el ciudadano que invade aun sin tener la necesidad de hacerlo.
Si reclamamos cambios, un primer paso es comprometernos a trabajar por el bien común, más allá del individualismo, del beneficio personal o los intereses de corto plazo.
* Manuel Chiroque Farfán es docente de Audiovisuales y Periodismo en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Santa (UNS), actividad que comparte con la producción audiovisual y consultorías en comunicación corporativa. Integra la Red Iberoamericana de Investigación en Narrativas Audiovisuales.
Foto: El Comercio
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