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Papa Francisco: “Piensa que estarás en un ataúd... ¿y te llevarás el odio allí?”

Antes de la oración del Ángelus, el Santo Padre reflexionó sobre la importancia de ser misericordiosos en el perdón y que para hallar perdón hay que perdonar

Asomándose a la ventana de su estudio, frente a la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco saludó a los presentes y reflexionó sobre el perdón.

Para esto se basó en la parábola del Evangelio del día: la del rey misericordioso. En la lectura dos veces se menciona la súplica «Ten paciencia conmigo que todo te lo devolveré», frente a ella dos actitudes: la Divina y la humana, y recordando la primera lectura de la misa del libro de Sirácida la frase «Acuérdate de las postrimería, y deja ya de odiar»...Piensa que estarás en un ataúd... ¿y te llevarás el odio allí?, es lo que reflexionó el Santo Padre.

El sucesor de Pedro señala que la primera vez la súplica la pronuncia el siervo que le debe a su amo diez mil talentos, una suma enorme. La segunda vez la repite otro criado del mismo amo. Él también tiene deudas, no con su amo, sino con el siervo que tiene esa enorme deuda. Y su deuda es muy pequeña, quizá como el sueldo de una semana.

En esta parábola hay dos actitudes diferentes: la de Dios, en la actitud divina, la justicia está impregnada de misericordia, mientras que la actitud humana se limita a la justicia. Jesús nos exhorta a abrirnos valientemente al poder del perdón, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia. Hay indulgencia del señor con su siervo, mas no de este siervo con su compañero, actitud que luego es condenada.

Ante la pregunta de Pedro: «Señor, dime, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?». Jesús  respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete», es decir estamos llamados a perdonar siempre. Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas: entre los esposos, entre padres e hijos, dentro de nuestras comunidades, en la Iglesia y también en la sociedad y la política, enfatiza en Obispo de Roma.

Encomendando la maternal intercesión de la Madre de Dios concluyó: “Que Ella nos ayude a darnos cuenta de cuánto estamos en deuda con Dios, y a recordarlo siempre, para tener el corazón abierto a la misericordia y a la bondad”.

Finalizó su intervención y rezando la Oración Mariana, recibió la ovación de la concurrencia que guardaba distancia y usaba mascarillas para protegerse de los contagios por la covid-19.