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EDITORIAL RSD | La pequeñez de no reconocer la derrota

Keiko Fujimori y su partido ponen al país en vilo
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Ninguno de los dos candidatos que pasó a la segunda vuelta electoral merecía, en opinión nuestra, llegar hasta ese punto de la lid electoral y ponerse a un peldaño de la máxima magistratura del país. Una, por todas las sombras sobre su cabeza que ponen en tela de juicio su integridad, y otro, por su nivel de improvisación y propuesta retrógrada. Pero no importa lo que este medio crea. Lo que importa es lo que el pueblo decida. Esa es “la democracia del voto” y eso es lo que todos estamos obligados a respetar y a defender con todas nuestras fuerzas, guste o no.

Sin embargo, es precisamente eso lo que no está haciendo la candidata Keiko Fujimori, quien en días y semanas previos a la jornada electoral del 6 de junio había firmado cuanto documento de compromiso se le cruzara delante, incluyendo la “Proclama Ciudadana: Juramento por la democracia” promovida por la Conferencia Episcopal Peruana y otras organizaciones del país.

Keiko Fujimori ha pateado el tablero al denunciar esta semana, de manera repetida, un supuesto fraude. “Fraude en mesa” ha dicho al acusar al partido de su contendor Pedro Castillo, ante la inminencia del triunfo de este y de una tercera derrota electoral consecutiva suya. Y ha insistido anoche al afirmar que detrás está la izquierda internacional que quiere “torcer la voluntad popular”. No hay, sin embargo, pruebas convincentes de que en zonas alejadas del país se llevó a cabo un gran fraude para arrebatarle el triunfo, tal como ella sostiene. Es más, organismos de observación electoral llegados del extranjero han convalidado el proceso electoral peruano, lo han felicitado y han resaltado el cumplimiento de estándares internacionales.   

Pero el fujimorismo ejerce presión sobre los órganos electorales con una andanada de solicitudes de nulidad de actas con votos ampliamente favorables a su contendor y con sus huestes en las calles yendo a protestar incluso hasta la puerta de la casa del titular del máximo ente electoral. No debería sorprender. Su comportamiento siempre ha sido igual y parece que lo seguirá siendo, por más papeles que su lideresa firme. Su actitud solo se puede entender de un modo: sigue siendo la “pequeña candidata” de siempre, incapaz de un gesto de grandeza que la redima. 

Lo ocurrido el viernes en el JNE fue tremendamente perturbador. Los magistrados, a pedido del fiscal supremo Luis Arce, representante del Ministerio Público, y del abogado Jorge Rodríguez Vélez, representante de las facultades de derecho de las universidades privadas, pretendieron cambiar las reglas del juego electoral aprobando una prórroga extraordinaria para la presentación de solicitudes de nulidad hasta esa noche, cuando el plazo ya había vencido la noche del miércoles. A la decisión tomada en la mañana de ese viernes le siguió una ola de cuestionamientos y, horas después, la rectificación del mismo JNE dando marcha atrás.  

Finalmente, el JNE solo evaluará las solicitudes presentadas dentro del plazo. Como debe ser. Como tiene que ser. De un total de 755 pedidos de nulidad, solo 151 fueron hechos a tiempo. Esa cantidad representa menos de 40 mil votos. La ventaja de Castillo sobre Fujimori en este momento –al 99.935 % de actas contabilizadas por la ONPE– es de 49 370 votos.

Todo hace indicar que esa cruzada naranja que siembra una tensión innecesaria en el país será en vano. A nivel de la opinión pública las acusaciones de fraude se han ido desvirtuando con el correr de los días. La prensa independiente y las propias personas y comunidades de zonas altoandinas y amazónicas que se han visto afectadas por las denuncias han echado por tierra los argumentos que sostienen los pedidos de nulidad. Sin embargo, la última palabra la tiene el órgano electoral competente. Y habrá que respetar su resolución.   

Como decíamos al principio, se tiene que respetar la voluntad popular, guste o no, porque hay que ser muy pequeños de espíritu para no aceptar la derrota. 

Radio Santo Domingo – RSD