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Rosa María Palacios | Vivir venciendo o morir matando

La temporada de ofrendas del gobierno al fujimorismo ha terminado, señala la periodista

La temporada de ofrendas del gobierno al fujimorismo ha terminado. La aprobación de la interpelación al ministro Jaime Saavedra le puso fin. Aunque eso le costó al gobierno la renuncia de casi todo el directorio de Petro Perú, la colocación en el Estado de gente cercana a Keiko Fujimori, por ahora, ha concluido. Les habían regalado el defensor del Pueblo y el jefe de la Sunat. Así nomás, como gesto de cortesía y de bienvenida. 

No protestaron por los nombramientos de Chlimper y Rey en el BCR, sino que los respaldaron. Pero el presidente ha sido bien claro. No va a ceder a un buen ministro (el más popular de su gabinete) para favorecer los millonarios negocios universitarios de apristas y fujimoristas. La reforma universitaria (apoyada por los estudiantes y sus padres) es la verdadera y única razón de una próxima moción de censura que, de dejarla pasar, consolidaría el poder de Keiko Fujimori para sacar ministros a su gusto.

El sacrificio del directorio de Petro Perú ha sido un trago amargo para el presidente y para Fernando Zavala. No era lo que querían, pero lo han aceptado porque aceptar lo contrario era peor. Vladimiro Huároc puede ser una persona muy competente en materia de resolución de conflictos sociales, pero ha sido, este mismo año, candidato a la vicepresidencia de Fuerza Popular, retirado de la campaña por el JNE.  El error del directorio de Petro Perú fue no ponderar que su nombramiento, con gran peso político, coincidía con la aprobación de la interpelación al ministro de Educación en una sesión falta de argumentos y llena de grosería, hasta con la esposa del interpelado.

Algunos argumentan que no bajar la cabeza con Huároc dará más argumentos a Keiko Fujimori para ordenar la censura de Saavedra. Otros, que no hay que temerle a la interpelación pues solo es un mecanismo de demostración de poder sin contenido, como lo fueron las tediosas sesiones para la investidura. Yo he sostenido en esta columna lo contrario. Creo que este primer semestre del gobierno, pese a todos los esfuerzos de este para reconocerle a Fujimori su triunfo parlamentario, va a acabar en la censura del ministro si no se hace nada. Y esa censura abrirá la puerta a la paulatina destrucción de la Presidencia misma. Keiko Fujimori no quiere negociar, ni siquiera conversar. Quiere guerra, pero sabe que, por ahora, le falta apoyo popular. Esa es la fortaleza del gobierno y sobre ella debe organizar su defensa.

Mención aparte merece la virulencia del aprismo contra Saavedra, al extremo de meterse con su familia (táctica aprista conocida y hace pocas semanas usada contra la esposa del mismo presidente). El único regalo de puesto que hemos visto esta semana es el del flamante embajador en el Ecuador, Hugo Otero. A este nombramiento político se suma uno anterior, el del embajador José Antonio García Belaúnde en España. Ambos, amigos personales del expresidente Alan García. ¿Quién recibe regalos de este gobierno? Y nadie dice nada.

El presidente ya no descarta mandar al presidente del Consejo de Ministros al Congreso si se presenta una moción de censura contra Saavedra. Antes de que esta se vote (entre el tercer y décimo día de presentada), Zavala puede acudir al Congreso y hacer “cuestión de confianza” de la presencia de Saavedra en el Gabinete. Si el Congreso rechaza la cuestión de confianza, cae el gabinete. No “renuncia”. Es censurado. El presidente puede hacer un enroque entre sus ministros y volver a presentarse para la investidura. Si no se otorga, van dos censuras. No lo harán. Por este camino, nunca más volverán a censurar ministros por intereses deleznables.

Por supuesto, hay quienes atenúan lo dicho por el presidente y creen que una vez echada a andar la rueda de estos acontecimientos, el riesgo de la vacancia está muy cerca. No lo creo. Reitero, más cerca estará si se le quita al presidente el poder de escoger a sus ministros y permitirles quedarse cuando lo están haciendo bien. Y Saavedra, pese a todos los embustes – desde los Panamericanos, computadoras o falso sexo en la escuela – es un buen ministro que no puede irse por unas monedas mal habidas en el sistema universitario.

Como dice el vals de Chabuca Granda, “Gallo Camarón”, se anhela vivir venciendo, pero si se ha de morir, se ha de morir matando. Solo los cobardes pueden vivir sin entenderlo.

Columna publicada el domingo 4 de diciembre del 2016 en el diario La República