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LA COLUMNA DEL DÍA: Odio mi centro de trabajo – Parte I

Por el doctor Felipe Llenque Tume*

Cuando una persona que labora en una organización está mirando a cada momento el reloj para salir e ir a su casa o estar en otro lugar que no sea su centro de trabajo, o cuando esa misma persona se motiva cuando llega el fin de semana y sabe que tendrá unas horas o un par de días de descanso, o también cuando dicha persona se desmotiva un domingo por la noche porque sabe que al día siguiente inicia una semana en la que tiene que ir a  su centro de trabajo; es porque esa persona no es feliz en el trabajo, es decir tiene una infelicidad laboral. O más aún, dicha persona no sabe que tiene un trabajo toxico. 

En la pág. 24 de la revista de negocios Business, del mes de febrero de este año, se  destaca una publicación de la internacional Inc. En la que se señala 10 razones por las que mucha gente odia su centro laboral: 

  1. Los jefes. Los jefes son a veces auténticas armas de destrucción masiva, que «matan» la moral de los empleados a su cargo. Particularmente molestos son los superiores que se empeñan en controlar todos y cada uno de los movimientos de sus subordinados, que terminan ahogados en un pozo sin fondo de infelicidad. 
  2. Los compañeros de trabajo. Con los compañeros de trabajo pasamos muchísimas horas al día, por lo que llevarse mal con ellos tiene un profundísimo impacto en la satisfacción laboral. 
  3. El tipo de trabajo desempeñado. A veces al empleado no le gusta la naturaleza del trabajo que le ha sido asignado en su conjunto. En ocasiones son solo determinados aspectos de su trabajo los que no le agradan, pero el fastidio que le provoca ejecutar ciertas tareas termina por emponzoñar la percepción de su propio trabajo. 
  4. La actitud. Ir al trabajo cargando sobre los hombros la pesada losa de una actitud marcada por la negatividad afecta a todo lo que hacemos. Si mostramos una actitud negativa, el más inocente y mínimo comentario por parte de nuestros colegas puede zaherir gravemente nuestra propia autoestima. 
  5. El tiempo invertido en llegar al trabajo. Invertir horas y horas desplazándose de casa al trabajo y viceversa puede ser absolutamente desmoralizante para el trabajador. 
  6. El estancamiento. Cuando sentimos que hemos dejado de aprender en nuestro trabajo y somos esclavos de tareas tan monótonas como poco estimulantes, el aburrimiento termina horadando nuestra satisfacción laboral. 
  7. La falta de reconocimiento. Si en lo más recóndito de su ser siente que ha hecho bien su trabajo, no debería necesitar realmente palmaditas en la espalda para sentirse satisfecho consigo mismo. Aun así, la total ausencia de reconocimiento por parte de los superiores puede acabar por minar la moral del trabajador. 
  8. El agotamiento. Lidiar con una gran carga de trabajo puede acabar «chupando», como si de un vampiro se tratase, nuestra energía. O manteniendo esa energía en su nivel más álgido, si no sabemos canalizarla adecuadamente. 
  9. La envidia. Convertir el trabajo en una suerte de competencia para dilucidar quién gana más y quién tiene un mejor puesto puede llegar a ser absolutamente frustrante para algunos empleados. En particular cuando la envidia entra en la ecuación. 
  10. Los valores de la empresa. Cuando nos vemos obligados a trabajar en una empresa que está a años luz de nuestros propios valores, nuestra satisfacción inevitablemente sufre. En especial cuando lo que nos motiva en nuestro trabajo no es tanto el dinero como el desarrollo de algunas habilidades muy específicas.

Ante estas circunstancias, qué se debe hacer. En nuestro próximo artículo comentaremos al respecto. 

*Felipe Llenque Tume

Pastdecano del Colegio de Licenciados en Administración (CORLAD Chimbote).

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Foto referencial: Arturo Villegas

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