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LA COLUMNA DEL DÍA: la teoría del palo y la zanahoria

Por el doctor Felipe Llenque Tume*

En las organizaciones, cuando se dirigen a los colaboradores o a nuestros hijos en la casa, en la mayoría de las veces, solemos utilizar el popular método de la zanahoria y el palo o garrote; si hacen algo bien, los premiamos de alguna manera, y si hacen todo lo contrario, los castigamos. 

Cuenta la leyenda que había un señor que tenía que llevar sus zanahorias al mercado muy temprano, para venderlas a un buen precio, y una vez cargada su carreta, partía. Sin embargo, al poco andar el burro se detenía, y para que avanzara, lo golpeaba con un palo. El burro respondía al castigo, y avanzaba un trecho, pero nuevamente al poco andar, cuando se olvidaba del dolor, volvía a detener la marcha. El dueño de las zanahorias, volvía a golpear al burro, y así transcurría por un buen rato. El señor tanto golpear al burro se compadeció de él, y se acuerda que al burro le gustan las zanahorias, y le muestra una zanahoria, lo que motiva al burro a mover la carga hacia el mercado. Estuvo un rato haciendo esto con zanahorias, pero se dio cuenta que si seguía así, se le iban a acabar las zanahorias y también su ganancia. Posteriormente se le ocurrió utilizar el palo para amarrar la zanahoria, y subirse a su carreta, poner la zanahoria frente del burro, y llegó así al mercado.

Esta leyenda se convirtió luego en una teoría denominada la zanahoria y el palo que se originó en el siglo XIX, cuando Jeremy Bentham, un filósofo inglés, teorizó que toda acción humana es impulsada por evitar del dolor y conseguir el placer. Esta teoría ya ha sido adoptada como una de las principales teorías de la motivación.

Las "zanahorias" más utilizadas que los empleadores cuelgan en frente de los empleados es el dinero. Sin embargo, para muchos trabajadores el importe de la remuneración no está directamente vinculado a la productividad. Daniel Pink en su libro Drive reúne suficiente evidencia para comprender que: La zanahoria y el garrote funcionan bien cuando los que las reciben desarrollan tareas algorítmicas (mecánicas, lineales, rutinarias). Pero pueden ser fatales para los que realizan tareas heurísticas (innovadoras, creativas, no rutinarias, de hemisferio derecho).  Por eso es que hay mucha gente que, en el trabajo, no se motiva tanto por dinero, sino que son otros factores motivacionales, puede ser algún reconocimiento, alguna “palmadita” en la espalda que te da tu jefe por haber hecho bien el trabajo, etc.

Un estudio de McKinsey & Co. señala que sólo el 30% de los trabajos que se crean son para un perfil algorítmico, es decir, para trabajos mecánicos, rutinarios; mientras que el 70% tienen que ver con trabajos en los que se necesitan capacidades heurísticas, creativas e innovadoras. Los primeros se pueden automatizar o contratar en países de mano de obra barata. El futuro está en las personas que logren crear y resolver problemas a través de la creatividad.

Así también, relacionando este artículo con lo que sucede en la actualidad política, parece ser que algunos congresistas, gobernadores, alcaldes y otros funcionarios públicos se motivan por la zanahoria, en este caso, el dinero. Claro, el dinero les da poder, lujos, posicionamiento social y económico. Pero, el pueblo puede darles con “palo” o “garrote”, donde más les duele: no eligiéndolos nuevamente; y la justicia también: castigándolos, como vemos actualmente como se caen los que llegaron a un puesto público, no para servir sino para ser servidos o servirse del Estado.

*Felipe Llenque Tume
Pastdecano del Colegio de Licenciados en Administración (CORLAD Chimbote).

Escuche la versión radial de la columna

Ilustración: http://psicologiargua.blogspot.pe

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