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EDITORIAL SODOMCO: los apóstoles Pedro y Pablo  y nuestro pastor Francisco

Por fray Héctor Herrera*

Simón Pedro, el sencillo pescador de Galilea, acompañó a Jesús atraído por el testimonio de una predicación nueva que parte de la realidad cotidiana, tocó, cambió su vida, y lo sigue. Su vida cambia, ante la pregunta de Jesús ¿Quién dicen la gente que soy yo? Esto sucedió en Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21; Jn 6,67-71). 

Simón, movido por el Espíritu dice: “Tú eres el Mesías, el hijo del Dios vivo” (Mt 16,16). La felicidad de Jesús es plena: “Dichoso tú, Simón hijo de Jonás. Es mi Padre quien te lo ha revelado”. Le cambia el nombre “Tú eres Kefas, piedra o Pedro. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Yo te daré las llaves del reino...” (Mt 16,17-19). 

El humilde pescador es el pastor de este nuevo pueblo de Dios, su Iglesia. ¡Qué lección más profunda nos da a todos, frente a la soberbia del poder o a la ambición del mismo! “Los poderosos imponen su autoridad, más entre ustedes deben ser servidores. Aprendan de mí, que no he venido a ser servido, sino a servir! (cf. 20,25-28).

Pablo de perseguidor, se convierte en el gran predicador del evangelio de Jesús a los pueblos paganos. Sufrió persecuciones. Nada lo detuvo en su identificación con Cristo. Saulo nace en Tarso, en Cilicia (Hch 21,39), ciudadano romano (Hch 21,26-27). Era de familia piadosa (2 Tim, 1,3), de tradición fariseo (Filp. 3,5-6). Estaba convencido de perseguir a la secta de los cristianos. Camino de Damasco, cae en tierra y escucha: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues? ¿Quién eres Señor? Yo soy Jesús, a quién tú persigues” (cf. Hech 9). El perseguidor se encuentra cara a cara con Jesús. También hoy tú necesitas encontrarte cara a cara con Jesús para cambiar y transformar tu vida, quizás seas un apóstol como Pablo. 

Pablo como Pedro, sufren persecuciones a causa del Evangelio. No se atemorizan, son fieles seguidores  y servidores de Jesús. Está convencido y defiende su derecho de apóstol igual que Pedro y los otros. “Porque yo soy el último de los apóstoles y no merezco el título de apóstol porque perseguí a la Iglesia. Gracias a Dios, soy lo que soy, y su gracia en mí, no ha sido estéril. (1 Cor 15,9-11) Ambos fueron martirizados el año 67, en la persecución de Nerón.

Hoy nuestro papa Francisco, nacido en este continente latinoamericano, está conduciendo la Iglesia a la pobreza y sencillez evangélica, ser una Iglesia participativa y democrática, escuchando a los pastores y que estos escuchen al pueblo de Dios. Atento a las necesidades y problemas del mundo de hoy. 

Su programa pastoral a través del Evangelio de la Alegría, anima a todos a salir a las calles y plazas para anunciar y vivir a Jesucristo. La defensa de la Casa común, toca uno de los problemas del cuidado del agua, el aire, los bosques y nevados, combatir el cambio climático, la economía excluyente que pone como dios al dinero, marginando a los más pobres de los bienes comunes. Toca a los enfermos y emigrantes. 

Francisco es el Papa de la misericordia, porque sus gestos, siguiendo el camino de Jesús hacen de la Iglesia más samaritana, misericordiosa y comprensiva. Pero dentro y fuera tiene detractores que debían asumir y revestirse de los mismos sentimientos de Jesús para ser testigos visibles del evangelio. Oremos para que Dios lo bendiga y proteja.
*Fray Héctor Herrera
Director de Radio San Martín de Arequipa

Foto: internet

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